Scone irlandés de manzana

Con esto de ir en coche nuevo, me ha dado por pensar: ¿dice un coche algo sobre su propietario? Tras meditarlo largo y tendido —sobre todo cuando mi coche decide tomar el control, y va el solito (hecho que me aburre)—, he llegado a la conclusión de que: sí. Así por ejemplo, entre mis allegados he comprobado cómo hay el coche Diógenes: tienen un superpoder, cualquier cosa que metas en él se quedará ahí para siempre: prismáticos, jerseys, bufandas, varios portadocumentos (llenos de documentos), una docena de botellitas de agua —casi siempre abiertas—.
También está el coche concesionario: cuando te sientas, miras alrededor y dices “¡Coche nuevo!” “No, tiene ya 4 años” ¿4 años conduciendo ese coche? Y no hay nada, absolutamente nada personal dentro de él. No huele a nada, no hay papeles, ni bolsas... Nada. Esos coches me dan miedo, bueno, los que los llevan —me dan tanto miedo que miro a ver si se reflejan en el retrovisor—.
Otro ejemplo es el coche autobús, que es cuando, aún esperando a que nazca el primer bebé de la familia, se compran el coche de 7 plazas. No lo entiendo. ¿No saben qué tamaño tendrá su hijo? ¿Están tan emocionados con el embarazo que piensan ya en encargar media docena?
Quizá el peor: el coche quirófano, cuando te dicen al subir: cuidado con el bolso no le des a la puerta, cuidado con el salpicadero al cruzar las piernas, cuidado con..
Y supongo que habrá mil ejemplos más.
Scone irlandés de manzana
Con esto de ir en coche nuevo, me ha dado por pensar: ¿dice un coche algo sobre su propietario? Tras meditarlo largo y tendido —sobre todo cuando mi coche decide tomar el control, y va el solito (hecho que me aburre)—, he llegado a la conclusión de que: sí. Así por ejemplo, entre mis allegados he comprobado cómo hay el coche Diógenes: tienen un superpoder, cualquier cosa que metas en él se quedará ahí para siempre: prismáticos, jerseys, bufandas, varios portadocumentos (llenos de documentos), una docena de botellitas de agua —casi siempre abiertas—.
También está el coche concesionario: cuando te sientas, miras alrededor y dices “¡Coche nuevo!” “No, tiene ya 4 años” ¿4 años conduciendo ese coche? Y no hay nada, absolutamente nada personal dentro de él. No huele a nada, no hay papeles, ni bolsas... Nada. Esos coches me dan miedo, bueno, los que los llevan —me dan tanto miedo que miro a ver si se reflejan en el retrovisor—.
Otro ejemplo es el coche autobús, que es cuando, aún esperando a que nazca el primer bebé de la familia, se compran el coche de 7 plazas. No lo entiendo. ¿No saben qué tamaño tendrá su hijo? ¿Están tan emocionados con el embarazo que piensan ya en encargar media docena?
Quizá el peor: el coche quirófano, cuando te dicen al subir: cuidado con el bolso no le des a la puerta, cuidado con el salpicadero al cruzar las piernas, cuidado con..
Y supongo que habrá mil ejemplos más.
Paso a paso
- 1
Precalentamos el horno a 200°C. Mezclamos la harina, la levadura, la sal, el azúcar y la mantequilla hasta integrar. Añadimos la leche y mezclamos hasta formar una masa.
- 2
Incorporamos las manzanas y amasamos ligeramente sobre una superficie enharinada. Formamos bolitas de 10cm de diámetro y las aplastamos para que tengan unos 4cm de grosor. Colocamos en la bandeja y horneamos de 12-15 minutos, hasta que estén dorados.
- 3
Cuando enfríen, espolvoreamos el azúcar glass.
- 4
Lo acompañamos de nata semibatida (sin azúcar) y de alguna mermelada casera… y por su puesto, con un Irish coffee.
- 5
A disfrutar!
Trucos
—Son muy ricos si quedan gorditos, así que recomiendo que el grosor sea más que menos.
—Acompañar de café irlandés, nata semibatida y mermelada casera.
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