Spaghetti a la trufa con pasas y huevo

Lo confieso, hace años que no voy a la peluquería, y es que para mí, se convirtió en un infierno.
Y es que una va ingenua e inocente creyendo que va a conseguir que le hagan lo que una quiere —nada más lejos de la realidad—. Recapitulemos: llegas a la peluquería —y lo primero que hacen es de “poli bueno”—, entras, te saludan, te ponen una batita y con su mejor sonrisa te dicen: ¿Qué te quieres hacer? Después pasas a la zona lavado. Todo va bien —te están tratando como te mereces— te lavan el pelo, te masajean y se preocupan de que no te caiga agua en los ojos. Estás tan relajada y confiada que cuando la peluquera te susurra algo del tipo: ¿Quieres este suero activador de la flora capilar que da brillo y tersura? (mientras te enseña un mini recipiente que no cabría ni la uña del meñique) ya no tienes criterio y, asientes.
Cuando ya te han ganado totalmente, pasas a la zona de corte. Y aquí empieza la zona del “poli malo”: ¡Uy! Estas puntas hay que sanearlas; ¡Uy! Estas capas no te favorecen. Pero tú ya estás hundida en esos sillones, con el pelo chorreando, la toalla sobre los hombros y sin voluntad y, piensas: peor de lo que estás ahora, no vas a estar. Y te sometes, pero viendo la sonrisa de satisfacción del profesional capilar empiezas a sospechar, pero te centras en la revista o tu móvil y cuando vuelves a levantar la cabeza, eres mezcla de Calimero y Spock.
Y en shock te diriges a la caja, y entonces sí que terminas desplumada.
—SEMANA24—
#DelantalCookpad2025
Spaghetti a la trufa con pasas y huevo
Lo confieso, hace años que no voy a la peluquería, y es que para mí, se convirtió en un infierno.
Y es que una va ingenua e inocente creyendo que va a conseguir que le hagan lo que una quiere —nada más lejos de la realidad—. Recapitulemos: llegas a la peluquería —y lo primero que hacen es de “poli bueno”—, entras, te saludan, te ponen una batita y con su mejor sonrisa te dicen: ¿Qué te quieres hacer? Después pasas a la zona lavado. Todo va bien —te están tratando como te mereces— te lavan el pelo, te masajean y se preocupan de que no te caiga agua en los ojos. Estás tan relajada y confiada que cuando la peluquera te susurra algo del tipo: ¿Quieres este suero activador de la flora capilar que da brillo y tersura? (mientras te enseña un mini recipiente que no cabría ni la uña del meñique) ya no tienes criterio y, asientes.
Cuando ya te han ganado totalmente, pasas a la zona de corte. Y aquí empieza la zona del “poli malo”: ¡Uy! Estas puntas hay que sanearlas; ¡Uy! Estas capas no te favorecen. Pero tú ya estás hundida en esos sillones, con el pelo chorreando, la toalla sobre los hombros y sin voluntad y, piensas: peor de lo que estás ahora, no vas a estar. Y te sometes, pero viendo la sonrisa de satisfacción del profesional capilar empiezas a sospechar, pero te centras en la revista o tu móvil y cuando vuelves a levantar la cabeza, eres mezcla de Calimero y Spock.
Y en shock te diriges a la caja, y entonces sí que terminas desplumada.
—SEMANA24—
#DelantalCookpad2025
Paso a paso
- 1
Cocinamos los spaghetti en el microondas con una pizca de sal. Mientras cortamos los huevos duros y los mezclamos con las pasas.
- 2
Emplatamos, repartiendo los ingredientes y terminamos poniéndole el aceite. Decoramos con el sésamo.
- 3
A disfrutar!
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