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Morcilla veraniega
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Una foto de Morcilla veraniega

Morcilla veraniega

Arianne
Arianne @Arianne
Esquinita verde de la Península Ibérica, llamada A Coruña

Hace poco me regalaron un libro, en él, el autor da nombre a emociones que todos sentimos y para las que, a veces, no tenemos palabras. Y es que las palabras son algo tan cotidiano —tan nuestro— que no siempre somos conscientes de lo que verdaderamente son. Las palabras nos permiten hablar de las cosas, y cuando las cosas tienen un nombre, cuando podemos encerrar un concepto en una palabra —como el genio en la lámpara mágica—, parece que tenemos cierto dominio sobre ello. Hablar de sensaciones y compartirlas es beneficioso, pero además, si una aflicción tiene un nombre, nos parece menos amenazadora, ya que otros la han vivido antes —lo cual es un alivio— y, además si tiene nombre es porque esa emoción ha sido analizada, y es menos misteriosa, menos confusa.
Así Koenig ha creado, por ejemplo, la palabra kairosclerosis: para el momento en que te das cuenta de que eres feliz y tratas de saborear la sensación (a partir del griego kairos: el momento oportuno, y sclerosis: endurecimiento). Zenosyne: para la sensación de que el tiempo pasa siempre muy rápido. Chrysalism: para la tranquilidad de estar bajo techo durante una tormenta, escuchando las rachas de lluvia.
Pero de todos modos, me faltan algunos nombres, como es la impresión de que podríamos rebobinar el tiempo unos segundos, para evitar un gesto que acabamos de hacer, una palabra que acabamos de pronunciar…

Hace poco me regalaron un libro, en él, el autor da nombre a emociones que todos sentimos y para las que, a veces, no tenemos palabras. Y es que las palabras son algo tan cotidiano —tan nuestro— que no siempre somos conscientes de lo que verdaderamente son. Las palabras nos permiten hablar de las cosas, y cuando las cosas tienen un nombre, cuando podemos encerrar un concepto en una palabra —como el genio en la lámpara mágica—, parece que tenemos cierto dominio sobre ello. Hablar de sensaciones y compartirlas es beneficioso, pero además, si una aflicción tiene un nombre, nos parece menos amenazadora, ya que otros la han vivido antes —lo cual es un alivio— y, además si tiene nombre es porque esa emoción ha sido analizada, y es menos misteriosa, menos confusa.
Así Koenig ha creado, por ejemplo, la palabra kairosclerosis: para el momento en que te das cuenta de que eres feliz y tratas de saborear la sensación (a partir del griego kairos: el momento oportuno, y sclerosis: endurecimiento). Zenosyne: para la sensación de que el tiempo pasa siempre muy rápido. Chrysalism: para la tranquilidad de estar bajo techo durante una tormenta, escuchando las rachas de lluvia.
Pero de todos modos, me faltan algunos nombres, como es la impresión de que podríamos rebobinar el tiempo unos segundos, para evitar un gesto que acabamos de hacer, una palabra que acabamos de pronunciar…

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Morcilla veraniega

Arianne
Arianne @Arianne
Esquinita verde de la Península Ibérica, llamada A Coruña

Hace poco me regalaron un libro, en él, el autor da nombre a emociones que todos sentimos y para las que, a veces, no tenemos palabras. Y es que las palabras son algo tan cotidiano —tan nuestro— que no siempre somos conscientes de lo que verdaderamente son. Las palabras nos permiten hablar de las cosas, y cuando las cosas tienen un nombre, cuando podemos encerrar un concepto en una palabra —como el genio en la lámpara mágica—, parece que tenemos cierto dominio sobre ello. Hablar de sensaciones y compartirlas es beneficioso, pero además, si una aflicción tiene un nombre, nos parece menos amenazadora, ya que otros la han vivido antes —lo cual es un alivio— y, además si tiene nombre es porque esa emoción ha sido analizada, y es menos misteriosa, menos confusa.
Así Koenig ha creado, por ejemplo, la palabra kairosclerosis: para el momento en que te das cuenta de que eres feliz y tratas de saborear la sensación (a partir del griego kairos: el momento oportuno, y sclerosis: endurecimiento). Zenosyne: para la sensación de que el tiempo pasa siempre muy rápido. Chrysalism: para la tranquilidad de estar bajo techo durante una tormenta, escuchando las rachas de lluvia.
Pero de todos modos, me faltan algunos nombres, como es la impresión de que podríamos rebobinar el tiempo unos segundos, para evitar un gesto que acabamos de hacer, una palabra que acabamos de pronunciar…

Hace poco me regalaron un libro, en él, el autor da nombre a emociones que todos sentimos y para las que, a veces, no tenemos palabras. Y es que las palabras son algo tan cotidiano —tan nuestro— que no siempre somos conscientes de lo que verdaderamente son. Las palabras nos permiten hablar de las cosas, y cuando las cosas tienen un nombre, cuando podemos encerrar un concepto en una palabra —como el genio en la lámpara mágica—, parece que tenemos cierto dominio sobre ello. Hablar de sensaciones y compartirlas es beneficioso, pero además, si una aflicción tiene un nombre, nos parece menos amenazadora, ya que otros la han vivido antes —lo cual es un alivio— y, además si tiene nombre es porque esa emoción ha sido analizada, y es menos misteriosa, menos confusa.
Así Koenig ha creado, por ejemplo, la palabra kairosclerosis: para el momento en que te das cuenta de que eres feliz y tratas de saborear la sensación (a partir del griego kairos: el momento oportuno, y sclerosis: endurecimiento). Zenosyne: para la sensación de que el tiempo pasa siempre muy rápido. Chrysalism: para la tranquilidad de estar bajo techo durante una tormenta, escuchando las rachas de lluvia.
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Ingredientes

40 minutos
6 Comensales
  • 2Berenjena medianas (en daditos)
  • 2Cebollas medianas (en daditos)
  • 1 VasoAlbariño
  • 1 PuñadoPiñones
  • Orégano seco
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
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Paso a paso

40 minutos
  1. 1

    Lavamos y cortamos en daditos las berenjenas, les echamos sal y, las dejamos sudar para que eliminen el amargor.
    Mientras en una sartén, pochamos las cebollas —previamente cortadas— con un poco de aceite y sal.
    Cuando estén transparentes, añadimos la berenjena y dejamos que se haga a fuego medio.

    Foto del paso 1 de la receta: Morcilla veraniega
    Foto del paso 1 de la receta: Morcilla veraniega
    Foto del paso 1 de la receta: Morcilla veraniega
  2. 2

    Hacemos un hueco en el centro de la sartén y, echamos los piñones —de este manera se tostarán ligeramente y desprenderán más aroma—. Removemos e integramos.
    Por último, añadimos el vino, y dejamos que se cocine hasta que se evapore el alcohol.

    Foto del paso 2 de la receta: Morcilla veraniega
    Foto del paso 2 de la receta: Morcilla veraniega
    Foto del paso 2 de la receta: Morcilla veraniega
  3. 3

    Apagamos el fuego y agregamos el orégano seco antes de servir.

    Foto del paso 3 de la receta: Morcilla veraniega
  4. 4

    A disfrutar!

    Foto del paso 4 de la receta: Morcilla veraniega
    Foto del paso 4 de la receta: Morcilla veraniega
Ahora, ¡Envía una foto del plato terminado! A Arianne le encantará ver cómo quedó.
https://cookpad.wasmer.app/do/recetas/16441114
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Arianne
Arianne @Arianne
domingo, 21 de agosto de 2022 a las 07:41 PM
Esquinita verde de la Península Ibérica, llamada A Coruña
Me encanta recorrer el mundo en cada bocado.Apasionada del mar, de los viajes, de la astronomía y de los libros. Poco golosa pero exigente con la calidad de los productos. ¿El final perfecto de cualquier instante gastronómico? La buena compañía... tanto a la hora de prepararlo en la cocina, como al sentarse en la mesa. Porque disfruto cocinando con y para los míos; me encanta ese desafío de conectar con mis comensales, de compartir y de no sólo hacer disfrutar a las papilas gustativas. De crear, en definitiva, un momento, un recuerdo y un vínculo con los que quiero.
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Comentarios (4)

Cuqui Bastida
Cuqui Bastida @cuqui_1107399
lunes, 22 de agosto de 2022 a las 10:23 AM
Est tiene que estar buenísimo, y con alvariño, mucho màs, gracias por compartirla, un abrazo
Invitado
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