Espárragos verdes con tartar de tomate y crujiente de ibérico

Esta vez, el aviso —un tanto escueto— fue a mediodía. A las 15:18 recibo un guasap: “Café con vistas a la Ría, en dos horas”. Sonrió mirando a la pantalla, y respondo sólo con un corazón. Me bastó esa descripción para saber dónde me esperaban.
Así que tras recoger la cocina, encaminé mis pasos hacia allí. Tras las gafas de sol, acompañada de Françoise Hardy en los AirPods, con un cielo azul precioso sobre mis hombros, y una temperatura a la que no estoy acostumbrada, ese paseo, se convirtió en mi momento perfecto del día —parecía estar repleto de promesas—. De este modo, llegué temprano a la cita, y me dispuse a esperar a mis anfitrionas.
En el local, sólo había tres personas: la dueña, un músico intentando venderse y yo. El músico tras destrozar “Yesterday”, me miró esperando un elogio que no salía de mi boca, y por inquietud, le pregunté sobre su repertorio. “Melódico”, respondió. “¿Romántico?” Le pregunté, ya que no distingo que es melódico porque todas las canciones tienen melodía —¿no?—. Él alegremente me replicó con una retahíla de canciones donde estaba: Bésame mucho, My way, Yesterday, Allá en el rancho grande, Careless whisper….
Por poco me ahogo con el café que la dueña me había puesto delante, todas esas canciones en un mismo lote …. Aún duele.
Por fortuna, mis anfitrionas entraron en ese momento y pude escabullirme con ellas a la terraza, y disfrutar allí de la melodía del Atlántico bailando detrás de las rocas.
Espárragos verdes con tartar de tomate y crujiente de ibérico
Esta vez, el aviso —un tanto escueto— fue a mediodía. A las 15:18 recibo un guasap: “Café con vistas a la Ría, en dos horas”. Sonrió mirando a la pantalla, y respondo sólo con un corazón. Me bastó esa descripción para saber dónde me esperaban.
Así que tras recoger la cocina, encaminé mis pasos hacia allí. Tras las gafas de sol, acompañada de Françoise Hardy en los AirPods, con un cielo azul precioso sobre mis hombros, y una temperatura a la que no estoy acostumbrada, ese paseo, se convirtió en mi momento perfecto del día —parecía estar repleto de promesas—. De este modo, llegué temprano a la cita, y me dispuse a esperar a mis anfitrionas.
En el local, sólo había tres personas: la dueña, un músico intentando venderse y yo. El músico tras destrozar “Yesterday”, me miró esperando un elogio que no salía de mi boca, y por inquietud, le pregunté sobre su repertorio. “Melódico”, respondió. “¿Romántico?” Le pregunté, ya que no distingo que es melódico porque todas las canciones tienen melodía —¿no?—. Él alegremente me replicó con una retahíla de canciones donde estaba: Bésame mucho, My way, Yesterday, Allá en el rancho grande, Careless whisper….
Por poco me ahogo con el café que la dueña me había puesto delante, todas esas canciones en un mismo lote …. Aún duele.
Por fortuna, mis anfitrionas entraron en ese momento y pude escabullirme con ellas a la terraza, y disfrutar allí de la melodía del Atlántico bailando detrás de las rocas.
Paso a paso
- 1
Cortamos la parte dura de los espárragos, y en la parrilla, con un poco de aceite, los cocinamos. Mientras pelamos y picamos los tomates. Y en el microondas, sobre papel de horno, ponemos las lonchas de jamón —muy finamente cortadas— y vamos dándole golpes de 30 segundos hasta que queden crujientes y se rompan con los dedos.
- 2
Emplatamos, poniendo como base los espárragos, por encima el tomate, el germinado, aceite y sal, y coronamos con el crujiente de jamón.
- 3
A disfrutar!
Trucos
Puedes añadir otros ingredientes como pollo o gambas para variar el sabor.
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