Níscalos con patatas

Estamos en los últimos días del otoño. Por estos pagos es una estación de gran belleza, con esa impresionante paleta de verdes, amarillos, rojos, que tapizan el campo, arboledas, bosques, alamedas, robledales y hayedos. Época de caza pero también el otoño es la estación setera por excelencia. Las setas...ese gran manjar. Pero cuidado, no os echéis al monte así, sin más. Hay que saber qué se lleva uno a la boca, pues puede irnos la vida en ello. Pocas variedades deben ser las que se recolecten y siempre estando seguros; ante la menor duda dejadlas.
Son muchas las setas que podemos ver en nuestros campos: desde el magnífico boleto, pasando por las colmenillas, o la fastuosa amanita cesarea, o sencillamente el níscalo, que es al que vamos a dedicar la receta de hoy.
El níscalo es la típica seta de los pinares y bosques mixtos. Tiene la ventaja de que es muy fácil de identificar y son escasas las posibilidades de confundirlo con alguna variedad peligrosa. En las tiendas y fruterías suele ser la seta más abundante entre las no cultivadas y salvo años de escasez -como éste- puede adquirirse a un precio razonable.
Admite muchos tipos de acompañamiento, incluso a la plancha, en soledad, sin ningún producto que lo distraiga; es agradecido y resulta suculento arrimándole unos ajos y un chorro de aceite de oliva.
Pero la receta de hoy va de cuchara y nada mejor que un guiso con patatas para estos fríos que soportamos.
Níscalos con patatas
Estamos en los últimos días del otoño. Por estos pagos es una estación de gran belleza, con esa impresionante paleta de verdes, amarillos, rojos, que tapizan el campo, arboledas, bosques, alamedas, robledales y hayedos. Época de caza pero también el otoño es la estación setera por excelencia. Las setas...ese gran manjar. Pero cuidado, no os echéis al monte así, sin más. Hay que saber qué se lleva uno a la boca, pues puede irnos la vida en ello. Pocas variedades deben ser las que se recolecten y siempre estando seguros; ante la menor duda dejadlas.
Son muchas las setas que podemos ver en nuestros campos: desde el magnífico boleto, pasando por las colmenillas, o la fastuosa amanita cesarea, o sencillamente el níscalo, que es al que vamos a dedicar la receta de hoy.
El níscalo es la típica seta de los pinares y bosques mixtos. Tiene la ventaja de que es muy fácil de identificar y son escasas las posibilidades de confundirlo con alguna variedad peligrosa. En las tiendas y fruterías suele ser la seta más abundante entre las no cultivadas y salvo años de escasez -como éste- puede adquirirse a un precio razonable.
Admite muchos tipos de acompañamiento, incluso a la plancha, en soledad, sin ningún producto que lo distraiga; es agradecido y resulta suculento arrimándole unos ajos y un chorro de aceite de oliva.
Pero la receta de hoy va de cuchara y nada mejor que un guiso con patatas para estos fríos que soportamos.
Paso a paso
- 1
Pelamos y dejamos un rato en remojo las patatas. Mientras tanto vamos limpiando los níscalos: si no están muy sucios de tierra o hierba se puede hacer con un cepillo pequeño. Pelamos igualmente los ajos y los picamos a gusto.
- 2
En una sartén amplia calentamos el aceite y cuando esté apunto echamos las patatas previamente troceadas irregularmente. Tras un par de minutos se añade el ajo picado y se deja que vaya cociendo otro par de minutos.
- 3
Es el momento de añadir los níscalos. A mí me gustan troceados en trozos grandes, pero cada cual lo hará a su gusto. Salpimentamos. Dejamos un par de minutos y añadimos el pimentón, envolviendo bien todo para que se distribuya por igual.
- 4
Dejamos a fuego medio vaya cociendo a fuego medio. Los níscalos irán soltando el agua y no es preciso añadirla al guiso. Probablemente de unos 20 minutos estarán listos para deleitarse con ellos. También aquí depende de los gustos de cada cual pues hay a quien le gustan bien hechos, tiernos, y sin embargo otros los prefieren un poco más al dente. Es fácil: basta con probar antes de dar por concluida la receta y de paso se rectifica de sal y pimienta.
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