Setas al ajillo

Soy una lectora por etapas, a ver, me explico: a veces leo varios libros a la vez (habitualmente sin tener ningún nexo en común, más que el capricho de leer un poco de todos ellos), mientras que en otras épocas, sólo me dedico a tener un único libro en mis manos.
Justamente en estos días, estoy —por así decirlo— en fase uno y, la otra noche, terminé un libro (en papel) de Saroyan —Letters from 74 Rue Taitbout o Don't Go But If You Must Say Hello To Everybody—. Lo encontré de casualidad, en una de esas pilas de libros, bien cimentadas, que hay en casa, dudé en cogerlo o no, pero la curiosidad me pudo, y ayer, finalmente, lo pude devolver a su sitio.
Y entre lo mucho que aprendí (aunque seguro que me perdí mil lecciones), debo reconocer que tiene razón. Vayamos por partes —como diría nuestro amigo Jack—, si lo interpreto bien, viene a gritarnos que: no lo hagamos, pero si lo hacemos, hagámoslo bien; pero ¡Alto ahí! , la esencia de lo que nos dice, está en el: No; ya que se tiene la posibilidad de negarse, pero si, por la razón que sea, no decimos: No; hay que asumirlo y hacerlo —sea lo que sea— lo mejor que sepamos.
Es como la capacidad de tratar bien a los demás (aptitud que considero un superpoder y, que debería ser aceptada como una de las maravillas de la humanidad). Porque con lo que nos gusta que nos traten así, deduzco que es fácil intuir que al resto de los habitantes del mundo, también les agrada.
Setas al ajillo
Soy una lectora por etapas, a ver, me explico: a veces leo varios libros a la vez (habitualmente sin tener ningún nexo en común, más que el capricho de leer un poco de todos ellos), mientras que en otras épocas, sólo me dedico a tener un único libro en mis manos.
Justamente en estos días, estoy —por así decirlo— en fase uno y, la otra noche, terminé un libro (en papel) de Saroyan —Letters from 74 Rue Taitbout o Don't Go But If You Must Say Hello To Everybody—. Lo encontré de casualidad, en una de esas pilas de libros, bien cimentadas, que hay en casa, dudé en cogerlo o no, pero la curiosidad me pudo, y ayer, finalmente, lo pude devolver a su sitio.
Y entre lo mucho que aprendí (aunque seguro que me perdí mil lecciones), debo reconocer que tiene razón. Vayamos por partes —como diría nuestro amigo Jack—, si lo interpreto bien, viene a gritarnos que: no lo hagamos, pero si lo hacemos, hagámoslo bien; pero ¡Alto ahí! , la esencia de lo que nos dice, está en el: No; ya que se tiene la posibilidad de negarse, pero si, por la razón que sea, no decimos: No; hay que asumirlo y hacerlo —sea lo que sea— lo mejor que sepamos.
Es como la capacidad de tratar bien a los demás (aptitud que considero un superpoder y, que debería ser aceptada como una de las maravillas de la humanidad). Porque con lo que nos gusta que nos traten así, deduzco que es fácil intuir que al resto de los habitantes del mundo, también les agrada.
Pasos de la receta
- 1
Limpiamos las setas.
Calentamos la plancha y las colocamos sin que se amontonen. Agregamos un par de cucharadas soperas colmadas del aceite especial, y vamos girándolas para que se hagan por todos los lados. - 2
Emplatamos.
- 3
Y a disfrutar!
Trucos
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