Huevos revueltos con salchicha y tomate frito

La receta en sí no tiene nada de especial, salvo su historia, al menos para mí. Apenas recuerdo la edad que tendría, niño aún, sin duda, como mucho entrando en la adolescencia. Fue uno de ésos días en que mis padres llegaron algo tarde a casa y tenía hambre. A menudo quedaba algún resto de la comida y en casos así tirábamos de ello en las cenas, pero ésta vez no quedó nada. Así que abrí la nevera y... hay huevos, salchichas de Frankfurt, tomate frito... ¡Perfecto, al ataque! (La receta la explico en los pasos).
El caso es que cuando llegaron mis padres, mi padre vio lo que preparé y me dijo algo así como: "¡Qué buena pinta tiene eso, Jesús! ¿Te importaría prepararme lo mismo para cenar?" ¡Así hice y le encantó! Estoy convencido que fueron las palabras mágicas que despertaron mi interés en la cocina. Aprendí mucho viendo a mi madre y mi abuela cocinar.
Han pasado varias décadas desde entonces y me encanta preparar lo que sea, y sobre todo compartirlo con mi gente. Son muchos los fines de semana, incluso navidades y fiestas que he preparado la comida para la familia y los amigos, sin contar con la comida del día a día, que también disfruto preparando aunque sólo sea para mí.
Puede que mi cocina sea sencilla, en ocasiones algo atrevida mezclando ingredientes (también me he equivocado más de una vez con mis "experimentos culinarios"), pero es la que me sale de dentro y desde luego que a cada plato le pongo mucho cariño. Creo que es el ingrediente esencial que la hace más rica.
Huevos revueltos con salchicha y tomate frito
La receta en sí no tiene nada de especial, salvo su historia, al menos para mí. Apenas recuerdo la edad que tendría, niño aún, sin duda, como mucho entrando en la adolescencia. Fue uno de ésos días en que mis padres llegaron algo tarde a casa y tenía hambre. A menudo quedaba algún resto de la comida y en casos así tirábamos de ello en las cenas, pero ésta vez no quedó nada. Así que abrí la nevera y... hay huevos, salchichas de Frankfurt, tomate frito... ¡Perfecto, al ataque! (La receta la explico en los pasos).
El caso es que cuando llegaron mis padres, mi padre vio lo que preparé y me dijo algo así como: "¡Qué buena pinta tiene eso, Jesús! ¿Te importaría prepararme lo mismo para cenar?" ¡Así hice y le encantó! Estoy convencido que fueron las palabras mágicas que despertaron mi interés en la cocina. Aprendí mucho viendo a mi madre y mi abuela cocinar.
Han pasado varias décadas desde entonces y me encanta preparar lo que sea, y sobre todo compartirlo con mi gente. Son muchos los fines de semana, incluso navidades y fiestas que he preparado la comida para la familia y los amigos, sin contar con la comida del día a día, que también disfruto preparando aunque sólo sea para mí.
Puede que mi cocina sea sencilla, en ocasiones algo atrevida mezclando ingredientes (también me he equivocado más de una vez con mis "experimentos culinarios"), pero es la que me sale de dentro y desde luego que a cada plato le pongo mucho cariño. Creo que es el ingrediente esencial que la hace más rica.
Pasos de la receta
- 1
Cortamos las salchichas en rodajas gruesas y las mareamos en la sartén con algo de aceite y unos ajos, también en rodajas.
- 2
Echamos los huevos, un poco de orégano, sal al gusto y, cuando empiecen a cuajar, los removemos bien mezclando todo.
- 3
Ya en el plato, un poco de tomate frito por encima, un trozo de pan y un buen vaso de leche fría para acompañar y listo, a disfrutar del manjar!
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