Paso a paso
- 1
En una sartén o cazuela baja con un buen chorro de aceite de oliva, fríe los dientes de ajo enteros (pelados), las almendras y la rebanada de pan hasta que estén dorados. Saca todo y escúrrelo bien. ¡Cuidado que las almendras no se quemen, que amargan!
- 2
Lleva al mortero (o al vaso de la batidora/robot si buscas rapidez) los ajos fritos, las almendras, el pan frito, unas hojas de perejil fresco y la mitad de los tomates secos. Májalo todo muy bien hasta conseguir una pasta densa y aromática.
- 3
En el mismo aceite de haber frito el pan y las almendras (retira un poco si ves que es demasiado), echa la pasta del majado y dale unas vueltas a fuego medio durante un minuto. Añade el resto de los tomates secos cortados en tiras finas para encontrarte luego los tropezones.
- 4
Sube un punto el fuego, vierte el vino blanco y deja que evapore el alcohol durante un par de minutos. Incorpora el vaso de caldo (o agua) y una pizca de sal. Deja que chuches (hierva a fuego lento) unos 8-10 minutos para que la salsa ligue y espese de forma natural gracias al pan y la almendra.
- 5
Incorpora a la cazuela huevos cocidos cortados por la mitad, dejando que se calienten y se empapen de la salsa durante 2 minutos o Haz unos huecos en la salsa, casca los huevos directamente dentro, tapa la cazuela y deja que se cuajen con el propio vapor de la salsa durante unos 3-4 minutos (con la yema líquida quedan de escándalo).
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