Solomillo al Roquefort

Un clásico irresistible para los amantes del queso fuerte. La clave de esta receta es marcar los medallones de solomillo rápido a fuego fuerte para que queden jugosos, deshacer el Roquefort muy despacio a fuego bajo para desgrasarlo bien y terminar de reducir la nata con los jugos de la carne hasta que espese. Se sirve acompañado de patatas fritas recién hechas para mojar en la salsa.
Solomillo al Roquefort
Un clásico irresistible para los amantes del queso fuerte. La clave de esta receta es marcar los medallones de solomillo rápido a fuego fuerte para que queden jugosos, deshacer el Roquefort muy despacio a fuego bajo para desgrasarlo bien y terminar de reducir la nata con los jugos de la carne hasta que espese. Se sirve acompañado de patatas fritas recién hechas para mojar en la salsa.
Pasos de la receta
- 1
Paso 1
Corta los 400 g de solomillo de cerdo en medallones de aproximadamente 1 cm de grosor (el grosor de un dedo anular). Salpimienta los medallones por ambos lados. - 2
Pon una sartén a fuego fuerte con un hilo fino de aceite (solo para pintar la base). Cuando esté muy caliente, marca los medallones entre 1,5 y 2 minutos en total (unos 45-60 segundos por cara, lo justo para dorar por fuera y sellar los jugos). Retira el solomillo a un plato y reserva.
- 3
Baja el fuego al mínimo. En la misma sartén donde ha quedado el jugo de la carne, echa los 100 g de queso Roquefort desmigado en trozos pequeños. Deja que se vaya deshaciendo durante 2 o 3 minutos a fuego muy bajo, soltando la grasa suavemente sin quemarse.
- 4
Añade el vaso de nata (200 ml) a la sartén sin subir el fuego. Incorpora los granos de pimienta entera, un poco de sal y remueve despacio para que la nata se mezcle bien con el queso fundido.
- 5
En cuanto la nata y el queso formen una crema líquida homogénea y empiece a romper a hervir de forma suave, vuelve a incorporar los medallones de solomillo junto con todo el jugo que hayan soltado en el plato.
- 6
Cocina todo junto a fuego muy lento, moviendo la sartén en vaivén. El punto exacto estará listo cuando veas que la salsa ha reducido, ha cogido consistencia cremosa y, al pasar una cuchara por el fondo de la sartén, queda un surco que tarda un momento en cerrarse, cubriendo bien la carne.
Consejos
Una vez apagues el fuego, retira la sartén de la fuente de calor, cúbrela con un trapo limpio de cocina y deja reposar durante 5 minutos antes de servir. Este pequeño descanso asentará la salsa de queso, reubicará los jugos de la carne y dejará el solomillo meloso en su punto ideal para disfrutarlo. El acompañamiento ideal son unas buenas patatas fritas.
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