Paso a paso
- 1
Cortamos la cebolla, el tomate y el chorizo en dados y el ajo en trocitos muy pequeños.
- 2
Ponemos en una cazuela un poco de aceite hasta que cubra el fondo y una vez caliente, pero no humeante, echamos el ajo para que comience a aromatizar el aceite y unos segundos después la cebolla.
- 3
Bajamos el fuego a nivel medio (6 de 9) y añadimos un poquito de sal para que sude la cebolla y se vaya haciendo todo poquito a poquito, removiendo de vez en cuando para que no se queme.
- 4
Cuando la cebolla comienza a ponerse blandita y empieza a transparentar, añadimos el chorizo y el tomate, removiendo todo el conjunto para que se vayan integrando todos los sabores y que el chorizo aporte su color anaranjado al guiso.
- 5
Después de unos 3-4 minutos de ir removiendo para que se vaya cocinando todo en su conjunto, añadimos los garbanzos cocidos al guiso y para que todos los jugos que hay en el bote no se pierdan se le pone un dedo de agua dentro, se mueve bien y la incorporamos después a la cazuela. Esa es toda el agua extra que añadiremos al guiso.
- 6
Para finalizar, probamos y rectificamos de sal, si es necesario, añadimos el perejil picado y se le dan unas vueltas para que se una todo y lo dejamos cocer, sin la tapa, unos minutos para que reduzca el agua hasta el espesor que queramos que tengan nuestros garbanzos. A quien le gusten más jugositos, pues con 2 minutos más o menos será suficiente y quien los quiera más secos tendrán que dejarlos reducir un poquito más de tiempo.
- 7
Por último, hervimos un huevo hasta que esté duro y lo partimos en trozos muy pequeños, añadiéndolo al final del guiso y removiendo todo por última vez para repartirlo por toda la cazuela.
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