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Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
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Una foto de Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla

Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla

César Lorenzano
César Lorenzano @cesar165
Buenos Aires

Pasó afortunadamente la época de las frutillas grandes y sin gusto, pura ingeniería genética. Llegaron al fin las que tienen el sabor que recuerdo, pequeñas, como si fueran cultivadas artesanalmente. Sè que no es así, que está tan manipuladas como las otras. Prefiero soñar y disfrutarlas.
Mientras hacía la mermelada, comencé a recordar la isla, a Cristina, a Osvaldo, y como nuestras vidas se mezclaron desde hace treinta años, cuando volvimos del exilio.
El regreso al país significaba también el regreso a la isla, a los riachos del Tigre, que habíamos recorrido remando con nuestros hijos. Añorábamos el fluir de las aguas al compás de los remos, o mirar hipnotizados su descender desde un muelle. Alquilamos una modesta casita a una hora de lancha en un riacho secundario Estábamos por fin frente al rio, en el único lugar que nos permitió el magro ingreso del que recomienza. Tenía una parte de abajo con la cocina y muebles de comedor que se inundaba llenándose de barro en las crecidas del rio, y una alta con dos dormitorios. No llegaba la electricidad. Girábamos a mano la bomba de agua hasta llenar el tanque, prendíamos lámparas de kerosén para iluminarnos, nos abrigábamos mucho cuando hacía frío. Pero nada igualaba mirar a las mañanas de invierno la neblina que flotaba sobre el pasto húmedo y el rio quieto, sin una sola ondulación, hecho un espejo en gama de grises. O al llegar del verano, nadar en esas aguas ahora tibias que nos pertenecían. Continuará

Pasó afortunadamente la época de las frutillas grandes y sin gusto, pura ingeniería genética. Llegaron al fin las que tienen el sabor que recuerdo, pequeñas, como si fueran cultivadas artesanalmente. Sè que no es así, que está tan manipuladas como las otras. Prefiero soñar y disfrutarlas.
Mientras hacía la mermelada, comencé a recordar la isla, a Cristina, a Osvaldo, y como nuestras vidas se mezclaron desde hace treinta años, cuando volvimos del exilio.
El regreso al país significaba también el regreso a la isla, a los riachos del Tigre, que habíamos recorrido remando con nuestros hijos. Añorábamos el fluir de las aguas al compás de los remos, o mirar hipnotizados su descender desde un muelle. Alquilamos una modesta casita a una hora de lancha en un riacho secundario Estábamos por fin frente al rio, en el único lugar que nos permitió el magro ingreso del que recomienza. Tenía una parte de abajo con la cocina y muebles de comedor que se inundaba llenándose de barro en las crecidas del rio, y una alta con dos dormitorios. No llegaba la electricidad. Girábamos a mano la bomba de agua hasta llenar el tanque, prendíamos lámparas de kerosén para iluminarnos, nos abrigábamos mucho cuando hacía frío. Pero nada igualaba mirar a las mañanas de invierno la neblina que flotaba sobre el pasto húmedo y el rio quieto, sin una sola ondulación, hecho un espejo en gama de grises. O al llegar del verano, nadar en esas aguas ahora tibias que nos pertenecían. Continuará

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Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla

César Lorenzano
César Lorenzano @cesar165
Buenos Aires

Pasó afortunadamente la época de las frutillas grandes y sin gusto, pura ingeniería genética. Llegaron al fin las que tienen el sabor que recuerdo, pequeñas, como si fueran cultivadas artesanalmente. Sè que no es así, que está tan manipuladas como las otras. Prefiero soñar y disfrutarlas.
Mientras hacía la mermelada, comencé a recordar la isla, a Cristina, a Osvaldo, y como nuestras vidas se mezclaron desde hace treinta años, cuando volvimos del exilio.
El regreso al país significaba también el regreso a la isla, a los riachos del Tigre, que habíamos recorrido remando con nuestros hijos. Añorábamos el fluir de las aguas al compás de los remos, o mirar hipnotizados su descender desde un muelle. Alquilamos una modesta casita a una hora de lancha en un riacho secundario Estábamos por fin frente al rio, en el único lugar que nos permitió el magro ingreso del que recomienza. Tenía una parte de abajo con la cocina y muebles de comedor que se inundaba llenándose de barro en las crecidas del rio, y una alta con dos dormitorios. No llegaba la electricidad. Girábamos a mano la bomba de agua hasta llenar el tanque, prendíamos lámparas de kerosén para iluminarnos, nos abrigábamos mucho cuando hacía frío. Pero nada igualaba mirar a las mañanas de invierno la neblina que flotaba sobre el pasto húmedo y el rio quieto, sin una sola ondulación, hecho un espejo en gama de grises. O al llegar del verano, nadar en esas aguas ahora tibias que nos pertenecían. Continuará

Pasó afortunadamente la época de las frutillas grandes y sin gusto, pura ingeniería genética. Llegaron al fin las que tienen el sabor que recuerdo, pequeñas, como si fueran cultivadas artesanalmente. Sè que no es así, que está tan manipuladas como las otras. Prefiero soñar y disfrutarlas.
Mientras hacía la mermelada, comencé a recordar la isla, a Cristina, a Osvaldo, y como nuestras vidas se mezclaron desde hace treinta años, cuando volvimos del exilio.
El regreso al país significaba también el regreso a la isla, a los riachos del Tigre, que habíamos recorrido remando con nuestros hijos. Añorábamos el fluir de las aguas al compás de los remos, o mirar hipnotizados su descender desde un muelle. Alquilamos una modesta casita a una hora de lancha en un riacho secundario Estábamos por fin frente al rio, en el único lugar que nos permitió el magro ingreso del que recomienza. Tenía una parte de abajo con la cocina y muebles de comedor que se inundaba llenándose de barro en las crecidas del rio, y una alta con dos dormitorios. No llegaba la electricidad. Girábamos a mano la bomba de agua hasta llenar el tanque, prendíamos lámparas de kerosén para iluminarnos, nos abrigábamos mucho cuando hacía frío. Pero nada igualaba mirar a las mañanas de invierno la neblina que flotaba sobre el pasto húmedo y el rio quieto, sin una sola ondulación, hecho un espejo en gama de grises. O al llegar del verano, nadar en esas aguas ahora tibias que nos pertenecían. Continuará

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Ingredientes

40 raciones
  • 1,5 kgfrutillas
  • 1 kgazúcar
  • 1limón
  • Muchas, muchas ganas de hacer la mermelada
  • Y de contar por primera vez cómo esterilizo los frascos. Es muy sencillo, pero eficiente
  • Tengo frascos de más de un año sin problemas
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Paso a paso

  1. 1

    Lavar las frutillas en la pileta o bacha de la cocina con el chorro de la canilla.

    Foto del paso 1 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  2. 2

    Cortando las hojas

  3. 3

    Cortar las hojas con un cuchillo filoso. Sin miedo. No se desperdicia nada. Se gana tiempo.

    Foto del paso 3 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  4. 4

    Después mostrar la nada novedosa técnica, termino de cortar las hojas al resto de las frutillas.

    Foto del paso 4 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  5. 5

    Cortar las frutillas en trozos más pequeños. Todo sobre la tabla de picar.

    Foto del paso 5 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  6. 6

    La proporción fruta-azúcar es de 600 gramos de azúcar por kilo de fruta. Puede variar si la fruta es muy dulce -con 500 gr. alcanza-, o si no lo es, como la frutilla sin sabor, llegué a los 800 gramos por kilo.

  7. 7

    El gran secreto (aguanten la carcajada, por favor, que no es para las que lo saben). Se le pone el azúcar, se mezclan y se deja toda la noche así. El azúcar es hipertónico, y extrae el líquido de la fruta, que se hace en su propio jugo. SIN AGUA.

    Foto del paso 7 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  8. 8

    A la mañana siguiente, listas para hacerse mermelada en mi cazo de cobre.

    Foto del paso 8 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  9. 9

    Otra foto porque me gustó como se ven en su jugo, rojas, contrastando con el color del cobre. Atrás se vislumbra el limón.

    Foto del paso 9 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  10. 10

    Comienza a hervir el brebaje incomparable. Es el momento en que exprimo medio limón, y luego de que dejó el jugo en el cazo lo pongo a que su moderada acidez haga que la mermelada no sea empalagosa.

    Foto del paso 10 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  11. 11

    Al cabo de media hora de fuego mediano, comienzan las burbujas grande y más persistentes. El cobre disipa el calor, por lo que puede aguantar fuego más alto y hacerse en menos tiempo. Saco el plato que puse en el congelador, y con una cuchara pongo algo del almíbar. Trazo un surco con la cuchara. Si no se cierra, la mermelada está hecha.

    Foto del paso 11 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  12. 12

    Mientras esperaba que se hiciera, preparé los frascos. Alcohol fino, 4 frascos. En realidad un kilo de fruta rinde un kilo de dulce (o menos). Siempre peco de optimista, siempre me sobran frascos. Lavo bien los frascos.

    Foto del paso 12 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  13. 13

    Todo lo que hago es poner un dedo de alcohol en el primer frasco, cierro con la tapa, agito 10 veces, lo abro. Pongo ese alcohol en el frasco siguiente. En la foto se ve el frasco con el dedo de alcohol.

    Foto del paso 13 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  14. 14

    Pongo el primer frasco boca abajo para que escurra el alcohol. Cierro el segundo frasco, lo agito 10 veces (esto creo que es por cábala, pudieran ser cinco o quince) y vuelta a empezar. Fíjense que dejo la boca del frasco asomando por fuera de la tabla. Es para que además de escurrir pueda evaporarse.

    Foto del paso 14 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  15. 15

    Hirviendo todavía la mermelada tomo el frasco con una manopla o un repasador bien doblado. Todavía me acuerdo de cuando casi me quemo porque no tenía dobleces. Con un cucharón comienzo a llenarlo. El almíbar que tiene una temperatura superior a la del agua hirviendo (tiene entre 115 y 118 grados c) garantiza la esterilidad del frasco y la mermelada. Por eso se cierra inmediatamente y se deja enfriar. No hace falta guardarlo en heladera. Sólo se abre para consumir, y ahora sí a la heladera.

    Foto del paso 15 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  16. 16

    Ya lleno, lo pongo elegante para la foto. Lo acompaña un chiquilín para degustación. Estoy orgulloso de los dos. Guardaré la foto para el álbum de familia. La mermelada es transparente.

    Foto del paso 16 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
  17. 17

    Es la mañana siguiente. Un buen café todavía humeante, mermelada recién hecha y sacada de la heladera, pan casero. Qué más puedo pedir?

    Foto del paso 17 de la receta: Mi mermelada de frutillas. Còmo hacerla y guardarla
Ahora, ¡Envía una foto del plato terminado! A César Lorenzano le encantará ver cómo quedó.
https://cookpad.wasmer.app/cu/recetas/1540293
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César Lorenzano
César Lorenzano @cesar165
miércoles, 30 de noviembre de 2016 a las 01:07 PM
Buenos Aires
Médico, PhD en Filosofía, desde siempre cocino. Este año (2016) comencé a publicar en Cookpad. Les agradezco mucho su estímulo
Leer más

Comentarios (5)

Martin Erre
Martin Erre @martinerre
miércoles, 06 de octubre de 2021 a las 02:00 AM
Hola Cesar, eso de dejar la fruta toda la.noche con el azúcar, es solo para la frutilla o sirve tambien para otras frutas? Saludos!
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