Bocata de ricotta, tomate y anchoas. Cena sencilla de 10!

Lo suyo sería más bien llamarlo montadito, porque llamarlo bocadillo es ser muy generoso.
Aún así, me hubiera tomado 2 y 3 montaditos, pero eran ya cerca de las 23, Miguel empezó a llorar y ya me tuve que quedar con el haciéndole cosquillitas hasta que se durmió profundamente unos 20 minutos más.
Sí, estamos en una etapa en la que las pesadillas de Miguel son un complemente asegurado en nuestras noches. O sea, ahora que habíamos pasado de despertarnos 10 veces por Marcos a despertarnos 1 o 2 o 3.... a tener que ir a dormir con Miguel porque la noche es oscura y alberga horrores en la mente de mi pobre hijo de 4 años.
Mientras tanto Leonor, que comparte habitación con Miguel, alucina con el trajín nocturno que hay en la casa que le ha tocado vivir. Y se une a la fiesta, por supuesto.
Así que cuando alguna amiga con 1o 2 hijos me dice que anda agotada, la miro, le doy dos palmaditas en la espalda y le animo a tener un tercero.
Bocata de ricotta, tomate y anchoas. Cena sencilla de 10!
Lo suyo sería más bien llamarlo montadito, porque llamarlo bocadillo es ser muy generoso.
Aún así, me hubiera tomado 2 y 3 montaditos, pero eran ya cerca de las 23, Miguel empezó a llorar y ya me tuve que quedar con el haciéndole cosquillitas hasta que se durmió profundamente unos 20 minutos más.
Sí, estamos en una etapa en la que las pesadillas de Miguel son un complemente asegurado en nuestras noches. O sea, ahora que habíamos pasado de despertarnos 10 veces por Marcos a despertarnos 1 o 2 o 3.... a tener que ir a dormir con Miguel porque la noche es oscura y alberga horrores en la mente de mi pobre hijo de 4 años.
Mientras tanto Leonor, que comparte habitación con Miguel, alucina con el trajín nocturno que hay en la casa que le ha tocado vivir. Y se une a la fiesta, por supuesto.
Así que cuando alguna amiga con 1o 2 hijos me dice que anda agotada, la miro, le doy dos palmaditas en la espalda y le animo a tener un tercero.
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