Paso a paso
- 1
En una olla, calienta la crema con la vainilla a fuego medio hasta que casi hierva. Retira del fuego y deja reposar unos minutos para que tome sabor.
- 2
N un bol, bate las yemas con el azúcar y la pizca de sal hasta que la mezcla se aclare un poco (no batas demasiado para no crear mucha espuma).
- 3
Vierte lentamente un poco de la crema caliente sobre las yemas mientras bates constantemente. Esto evita que las yemas se cocinen. Luego, incorpora el resto de la crema.
- 4
Pasa la mezcla por un tamiz o colador fino para eliminar grumos o burbujas. Vierte el líquido en recipientes individuales
- 5
Coloca los moldes en una fuente profunda. Agrega agua hirviendo a la fuente hasta que llegue a la mitad de la altura de los moldes. Hornea a 150°C-160°C por 30 a 50 minutos. Estará listo cuando los bordes estén firmes pero el centro todavía "baile" un poco como gelatina.
- 6
Deja enfriar a temperatura ambiente y luego refrigera por al menos 4 horas (mejor si es toda la noche).
- 7
Antes de servir, espolvorea una capa fina y uniforme de azúcar sobre la superficie fría. Usa un soplete de cocina para caramelizar el azúcar hasta que esté dorado y crujiente. Si no tienes soplete, puedes usar el grill del horno a máxima potencia por 2-3 minutos vigilando muy bien (La crema debe estar muy fría y Antes de poner el azúcar, pasa suavemente un papel absorbente sobre la crema para quitar cualquier rastro de humedad. Esto ayuda a que el azúcar se caramelice más parejo.)
- 8
Coloca la rejilla del horno en la posición más alta posible, de modo que los moldes queden a unos 5-10 cm de la resistencia o llama superior, Colocalos en una bandeja y rodéalos con agua muy fría (baño María invertido). Esto protege la crema del calor mientras el azúcar se quema arriba
- 9
Una vez dorado, retíralos y deja que el caramelo se endurezca a temperatura ambiente por 2 minutos antes de servir.
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