Merluza sobre cama de garbanzos en tinta de calamar

Aunque tengo buenos amigos en los diferentes
Cuerpos: me estresan, no me dan paz, da igual si están a pie, en moto o en helicóptero. Cada vez que les veo, me quedo mirándoles para ver si me van a regañar, a chillar, o a obligar a hacer algo que no debo. Sí, la policía, y me da igual, que sea la Nacional, que la Municipal, que la Guardia Civil, que los montados del Canadá..
Ayer sin ir más lejos, en una de las calle más céntricas de la ciudad, en un comienzo de colapso, y con dos semáforos que distaban 10m el uno del otro, había dos agentes de movilidad —uno en cada semáforo—.
Yo estaba tranquila, tarareando y pensando en mis cosas. Cuando me acercó al primer semáforo, que se pone ámbar, ya empiezo a frenar para llegar por inercia. Y entra en acción el primer agente: con piernas, brazos, gorra, silbidos y gritos, me obliga a saltarme el semáforo, cuando yo ya veía una riada de coches avanzar por la derecha. Pero di un acelerón tremendo, al grito de "Venga señoraaa!"—mientras yo me decía: pero si soy una princesa—. Al llegar a velocidades vertiginosas al otro semáforo, el segundo policía avanzando hacia mí con el brazo en alto, me suelta "¿A dónde va señoraaa?" Tras una conversación de besugos sobre mis segundos vividos, noto un nudo en la garganta. El semáforo se pone verde, y yo no sé qué hacer: huir, seguir mirándole o echarme a llorar. Y me dice "Señora, para hablar están los cafés". Metí la primera, y huí con las lágrimas ya brotándome.
Merluza sobre cama de garbanzos en tinta de calamar
Aunque tengo buenos amigos en los diferentes
Cuerpos: me estresan, no me dan paz, da igual si están a pie, en moto o en helicóptero. Cada vez que les veo, me quedo mirándoles para ver si me van a regañar, a chillar, o a obligar a hacer algo que no debo. Sí, la policía, y me da igual, que sea la Nacional, que la Municipal, que la Guardia Civil, que los montados del Canadá..
Ayer sin ir más lejos, en una de las calle más céntricas de la ciudad, en un comienzo de colapso, y con dos semáforos que distaban 10m el uno del otro, había dos agentes de movilidad —uno en cada semáforo—.
Yo estaba tranquila, tarareando y pensando en mis cosas. Cuando me acercó al primer semáforo, que se pone ámbar, ya empiezo a frenar para llegar por inercia. Y entra en acción el primer agente: con piernas, brazos, gorra, silbidos y gritos, me obliga a saltarme el semáforo, cuando yo ya veía una riada de coches avanzar por la derecha. Pero di un acelerón tremendo, al grito de "Venga señoraaa!"—mientras yo me decía: pero si soy una princesa—. Al llegar a velocidades vertiginosas al otro semáforo, el segundo policía avanzando hacia mí con el brazo en alto, me suelta "¿A dónde va señoraaa?" Tras una conversación de besugos sobre mis segundos vividos, noto un nudo en la garganta. El semáforo se pone verde, y yo no sé qué hacer: huir, seguir mirándole o echarme a llorar. Y me dice "Señora, para hablar están los cafés". Metí la primera, y huí con las lágrimas ya brotándome.
Paso a paso
- 1
Salteamos los garbanzos con un poco de aceite y pimienta, y cuando comiencen ligeramente a dorarse, añadimos la tinta de calamar.
- 2
Mientras en el estuche Lékué, cocinamos los lomos de merluza por tandas, durante 7 minutos.
- 3
Emplatamos los garbanzos como base en los platos, ponemos sobre ellos, cada uno de los lomos, añadimos un chorreón de aceite por encima, un poco de sal y espolvoreamos el orégano.
- 4
A disfrutar!
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Comentarios (2)
Me quedo con los garbanzos en tinta (los probaré) y la merluza . Buenas noches 😘