Tarta de nata y frutas

A las que hoy son.
A las que serán.
A las que se fueron.
A las que ya no están.
A las que lo intentan.
A las que sin serlo, lo son.
A todas. ¡Feliz día de la madre!
Y muy en especial: ¡Felicidades Pepiña!
Y es que cualquiera que me conozca sabe, sin duda, la importancia categórica que tienes en mi vida. Cualquiera que haya conversado conmigo más de veinte minutos, me habrá escuchado nombrarte, citar una frase tuya o mencionar alguna cosa que he aprendido de ti —que es casi todo—. Y es que estás presente hasta en mis gafas, en mi expresión, en mi forma de mover las manos, de ladear la cabeza, de hacerme la trenza. Te llevo en la personalidad, en la sangre y en los gestos. Estás en lo que soy y en lo que quiero ser, en mis batallas de todos los días. Y cada triunfo que celebro, parece mío, pero son en realidad los tuyos... Y es que hemos encontrado tantas oportunidades para reír, tanto tiempo para caminar del brazo, tantas maneras de decirnos te quiero. Que sólo puedo brindar por ello.
¡Qué afortunada soy! ¡Qué suerte la mía! Soy yo la que me apoyo en ti todos los días y cuento con tus consejos y tu réplica —siempre imprescindibles—. Además, puedo celebrar que no sólo eres guapa, sino que estás sana y fuerte, que ríes con ganas y que no tienes motivos para llorar, que sueñas, criticas, me ofusco y me regañas, que te emocionas y me amas. Es por eso que sólo puedo decirte ya:
¡Feliz día mamá!
Tarta de nata y frutas
A las que hoy son.
A las que serán.
A las que se fueron.
A las que ya no están.
A las que lo intentan.
A las que sin serlo, lo son.
A todas. ¡Feliz día de la madre!
Y muy en especial: ¡Felicidades Pepiña!
Y es que cualquiera que me conozca sabe, sin duda, la importancia categórica que tienes en mi vida. Cualquiera que haya conversado conmigo más de veinte minutos, me habrá escuchado nombrarte, citar una frase tuya o mencionar alguna cosa que he aprendido de ti —que es casi todo—. Y es que estás presente hasta en mis gafas, en mi expresión, en mi forma de mover las manos, de ladear la cabeza, de hacerme la trenza. Te llevo en la personalidad, en la sangre y en los gestos. Estás en lo que soy y en lo que quiero ser, en mis batallas de todos los días. Y cada triunfo que celebro, parece mío, pero son en realidad los tuyos... Y es que hemos encontrado tantas oportunidades para reír, tanto tiempo para caminar del brazo, tantas maneras de decirnos te quiero. Que sólo puedo brindar por ello.
¡Qué afortunada soy! ¡Qué suerte la mía! Soy yo la que me apoyo en ti todos los días y cuento con tus consejos y tu réplica —siempre imprescindibles—. Además, puedo celebrar que no sólo eres guapa, sino que estás sana y fuerte, que ríes con ganas y que no tienes motivos para llorar, que sueñas, criticas, me ofusco y me regañas, que te emocionas y me amas. Es por eso que sólo puedo decirte ya:
¡Feliz día mamá!
Paso a paso
- 1
Hacemos el bizcocho según la receta. Y lo dividimos, con cuidado, para tener 3 capas de bizcocho.
- 2
Montamos la nata con ayuda de las varillas eléctricas y añadimos el azúcar. Separamos 1/5 parte y con movimientos envolventes preparamos la trufa. Ponemos ambas preparaciones en mangas pasteleras.
- 3
Cortamos las fresas y las uvas.
- 4
Sobre el primer piso ponemos la nata y la fruta en la distribución que más nos guste. Ponemos la segunda capa y repetimos la operación. Por último, tras poner la última capa, decoramos con el resto de nata, trufa y fruta.
- 5
¡Felicidades Pepa!
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