Paso a paso
- 1
Cortamos los dientes de ajo en láminas y los ponemos en la sartén, junto con la cayena, hasta que estén dorados.
- 2
Entonces añadimos las gambas peladas, hasta que se doren. Aquí en el tamaño de las gambas entra el gusto de cada uno, si te gustan más pequeñas o más grandes, sí es importante que no estén congeladas, ya que nos aportara un agua extra, y nos quitara sabor.
- 3
Añadimos el tomate frito, y removemos bien encima del fuego para que se mezcle con el resto de ingredientes y así pierda un poco de agua.
- 4
Añadimos el vino, (yo uso un vino blanco normalito) y dejamos reducir.
- 5
En un vaso de agua a parte, sobre 1/4 o 1/3 del vaso con agua, mezclamos bien una cucharada pequeña de harina o maicena. Es importante que no queden grumos, ya que luego resultarán muy incómodos a la hora de comer.
- 6
Vertemos todo en la sartén junto a las gambas, y removemos bien hasta que se cocine la harina, y espese la salsa.
- 7
Para emplatar, basta con verter en una cazuela de barro, y espolvorear perejil bien picado.
- 8
Ahh es muy importante, no olvidarse de tener mucho pan, de esa salsa veréis como no queda nada ¡¡¡
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