Paso a paso
- 1
Ponemos la cebolla y el ajo muy picadito a pochar con el AOVE, sazonamos con sal y pimienta, y dejamos a fuego lento. Añadimos 2 guindillas cayenas; las dejamos 2-3 minutos y las retiramos.
- 2
Darán el toque justo de picante; no es necesario más. Cuando vaya reduciendo añadimos el vino blanco y damos fuerza al fuego para que evapore el alcohol.
- 3
Añadimos el tomate y sazonamos. Dejamos que se sofría bien. Cuando ya esté, le añadimos una cucharadita de pimentón dulce de la Vera, y retiramos del fuego.
- 4
Cuando ya tengamos la salsa, si queremos la pasamos. Yo no la paso.
- 5
En una cazuela ponemos un chorrito de vino blanco y dos hojas de laurel. Echamos los mejillones, previamente limpios y bien lavados, y dejamos que se abran.
- 6
Si es mucho el caldo que os ha salido, podéis guardar para cualquier guiso de pescado o sopa.
- 7
Cuando estén abiertos, vamos sacando, reservando y quitando una de las cáscaras. Colamos el caldo, lo añadimos a la salsa de tomate, y la ponemos de nuevo en el fuego para que reduzca un poco el caldo.
- 8
Cuando haya reducido, añadimos los mejillones, y salteáis un poco para que cojan todos salsa. Añadís perejil bien picado, y a comer bien calentitos y con un buen Albariño o Manzanilla... de "muerte".
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