
Linguines al Pesto de Ella

Salsa Pesto, es considerada una salsa de dioses, hay en su mezcla un misterioso sabor que une los 5 sentidos humanos más el toque mágico. VISTA, el hermoso verde; OLFATO, el extraño atractivo olor de esta salsa que evoca praderas recién bañadas por la lluvia; SABOR, la explosión salivar cuando probamos la primera cucharada de esta salsa es explosiva; TACTO, tocar las ramas con las hojas de la albahaca es toda una ceremonia, sobre todo el olor de la planta debe quedar impregnado en las manos durante todo el día; OIDO, usualmente se hace esta salsa en un mortero, majando los ingredientes hasta lograr el líquido pastoso convertido en salsa
Linguines al Pesto de Ella
Salsa Pesto, es considerada una salsa de dioses, hay en su mezcla un misterioso sabor que une los 5 sentidos humanos más el toque mágico. VISTA, el hermoso verde; OLFATO, el extraño atractivo olor de esta salsa que evoca praderas recién bañadas por la lluvia; SABOR, la explosión salivar cuando probamos la primera cucharada de esta salsa es explosiva; TACTO, tocar las ramas con las hojas de la albahaca es toda una ceremonia, sobre todo el olor de la planta debe quedar impregnado en las manos durante todo el día; OIDO, usualmente se hace esta salsa en un mortero, majando los ingredientes hasta lograr el líquido pastoso convertido en salsa
Paso a paso
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Se cuece la pasta, al dente, se corta la tocineta finamente y se frien, se escurren y se reserva. Se lavan los ingredientes, se prepara la licuadora para moler, agregar suficiente aceite de oliva, luego las hojas de albahaca, y se empieza el licuado.
- 2
Se agregan las avellanas, el queso y se rectifica con la sal; esperar que la consistencia sea cremosa, dejar reposar para comer; se le agregan las tiras de tocinetas crujientes a la salsa ya puesta en un bol.
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Servir sobre los platos de linguines y agregar más queso.
- 4
Esta receta era la preferida de mi amiga Y, de mucha cercanía sentimental, la modifiqué con la tocineta para agradarla, y aún cuando se dice que esta salsa es muy masculina, todavía no he oído a alguna mujer quejándose de ella.
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Recuerdo que a mi amiga le gustaba mucho una poesía que escribí sobre una mujer de liviana moral que terminó en lo mas bajo, acabar con los años de su juventud de manera irreflexiva y muy dada a los lechos calientes, se titula MEMORIAS DE UNA RAMERA VIEJA, quiero dejarla para ustedes aquí...
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MEMORIAS DE UNA RAMERA VIEJA
Ahí estaba, de pie cual gigante. - 7
Apedreándome con su mirada.
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Por primera vez quería que el espejo
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Se portara infiel conmigo, por primera vez
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Quise que no me guardase fidelidad
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Pero los espejos viejos son sinceros
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Y no les importa la vejez de los amigos.
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Esta vez me coloqué más carmín en las mejillas que de costumbre,
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me pinté un inmenso lunar negro
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- sobre el bozo de la comisura izquierda de mis labios
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el primer que bordeaba mis ojos
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alardeaba una cinta negra de esas que indican luto
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mi mirada empezaba a decaer
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y mi risa dejaba de hilarar su hipócrita rutina.
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El azabache de mi melena bruja
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Parecía no entenderse con el peine
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Y hasta mis orejas empezaron
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A rechazar los pendientes que durante
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Mucho tiempo columpiaban sus estribos
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Mis senos, otrora bocado exquisito
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Ya no sostienen al tiempo.
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Ya nadie intenta hacerlos felices
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Amasándolos con ternura pero con virilidad.
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Mis hombros enjutos comienzan
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A bailar la danza de los brazos caídos
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Ya nadie quiso tomarme del talle
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Para invitarme a bailar el último tango
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a contar estrellas, A contar cuentas de rosarios
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Y a diluir la última gota del vino que rojea
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Paladín de la matanza de los últimos
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Arrestos de una púdica e irreversible decencia
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Mi espalda larga y curvada en feliz “derriere”
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Parece una avenida que divide un risco
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En dos espacios muelles,
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La dura contextura de mi hábil cómplice
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Perdió el soporte que sobre las peñas
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Acostumbró mi humanidad a recibir
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El empuje viril del macho entusiasmado
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Y raudo en terminar lo que empieza muy dispuesto
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Mi ombligo que era una poza que recogía
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Las mieles de mis amantes, ahora es una fuente
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Vacía, ya no vienen palomas silvestres
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A bañarse en ella.
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Mi orgulloso monte de Venus
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Alfombre cobriza que apareció
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De la mano con mi pubertad
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Ya no espiga ni una mínima hebra.
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Ya no se ufana en fungir de antesala
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Al tálamo de los dioses, con sus recamaras morado
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Y rojo carmesí, con sus chambelanes medianos y grandes
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Que en su esponjada pompa y túnicas vistosas anuncian
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con flema y baba, la franca bienvenida
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al jadeante vecino de Marte.
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Ya no soy la “Gitanilla” de Cervantes
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La que esperaba en las esquinas a mis antiguos amantes
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La que un día ofreció dos besos por el precio de uno
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Y la que muchas veces usó el escapulario
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Del amante allende los mares
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- Para obligarlo a volver.
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Mis aromas no excitan a nadie
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Mis salivas no hayan estribos de orejas
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Para regar en apasionado ofrecimiento.
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Ya mis labios no pronuncian
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Mi oferta ”Vengan a mi los enlutados, los maridos
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Desdeñados y en cuarentena obligada”
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“Mi marido está de viaje y no regresa hasta muy tarde”
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“Venid acompañadme en el festín improvisado,
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Las carnes comidas en oculto
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Resultan mas gratas al paladar.”
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Ahora me toca empezar el vía crucis
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De la mujer que nunca trabajó con esfuerzo
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Ahora me toca bajar la mirada altiva de otros tiempos
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Y sufrir a dúo con mi desesperanza.
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La virtud es ingenua y como tal no es atrevida
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Le cuesta mucho alcanzar la valentía
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Que otorgan la madurez y la vida sin alarde
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Ahora empezaré a comer completo
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A buscar el alimento que produce laboriosa factura.
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Pero, lo que mas me toca sufrir
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Es la impotencia de comprobar en mi carne
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Que si había otra vida que ofrecía mejores dividendos
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Que el dinero ganado a manos llenas y sin medida
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Al final se va a las arcas de aquellos
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A quienes tratamos siempre de culpar por
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Nuestra determinación.
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El último cigarrillo que se extingue en la vida del irredento
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Dibuja en las paredes de los recuerdos que se esfuman
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Un reclamo con forma de danza macabra
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Que se transforma en risa malévola
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El rictus mortis del necio cuando muere.
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Frank Torreba
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Playas del Mar Caribe 14 de Mayo del 2011
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