
Soy David Rivera y todavía estoy aprendiendo a ser adulto. Aprendí a cocinar de mi abuela, quien me enseñó que dar comida a los demás es una forma profunda de amar. Para mí, cocinar es la generosidad llevada a su justa medida: nos iguala en la mesa, nos reúne sin jerarquías. Aunque esto de salir de la casa y ser mayor me “obligó” a preparar mi propia comida por necesidad, he descubierto en ese gesto cotidiano el acto más tierno de amor propio. Cocinarme es resistir, es no dejarme ir, es cuidarme con el mismo cariño con el que ella me cuidaba.



