Tortilla de calabacín

Según la RAE, el silencio, en una de sus definiciones, es: abstención de hablar. Y sí, estoy de acuerdo, efectivamente, el silencio es ausencia palabras o ruidos. Pero un silencio puede significar tantas cosas.
El silencio como afirmación, porque: el que calla, otorga. Lo que quiere decir es que uno se ha quedado sin excusas, y por tanto, no queda más remedio que callarse —milagroso es encontrarse con alguien que después de un rejón se quede callado, y huya cual liebre dando saltos por el monte—.
El silencio como negación, porque no hay postura más negativa que callarse. Es menos frecuente, porque si uno no está de acuerdo, no se calla… (Yo no me suelo callar, y suelo entonar el “para’ti la perra gorda”, y empiezo a dar la razón como a los locos y sonrío con la boca —pero no con los ojos—).
El silencio como abstención. “Me lo pienso”, “Ya lo veré”, “Ya lo hablaremos”.
Y la vida misma, me ha enseñado el silencio postural… El silencio dando un paseo puede ser mortal o maravilloso, puede ser matador o resucitador, puede ser una pesadilla o un sueño... El silencio de un sofá o un salón puede ser pacífico o incomodísimo…
Pero el silencio de un móvil, quizá es el peor de todos… Ese esperar a que suene, y no lo hace… Quieres pensar que todo va bien, pero… Cómo añoro el teléfono fijo, porque ahora el que no quiere decirte algo, no lo hace, siendo consciente de que no lo está haciendo.
Pero el silencio es maravilloso cuando todo va bien.
Tortilla de calabacín
Según la RAE, el silencio, en una de sus definiciones, es: abstención de hablar. Y sí, estoy de acuerdo, efectivamente, el silencio es ausencia palabras o ruidos. Pero un silencio puede significar tantas cosas.
El silencio como afirmación, porque: el que calla, otorga. Lo que quiere decir es que uno se ha quedado sin excusas, y por tanto, no queda más remedio que callarse —milagroso es encontrarse con alguien que después de un rejón se quede callado, y huya cual liebre dando saltos por el monte—.
El silencio como negación, porque no hay postura más negativa que callarse. Es menos frecuente, porque si uno no está de acuerdo, no se calla… (Yo no me suelo callar, y suelo entonar el “para’ti la perra gorda”, y empiezo a dar la razón como a los locos y sonrío con la boca —pero no con los ojos—).
El silencio como abstención. “Me lo pienso”, “Ya lo veré”, “Ya lo hablaremos”.
Y la vida misma, me ha enseñado el silencio postural… El silencio dando un paseo puede ser mortal o maravilloso, puede ser matador o resucitador, puede ser una pesadilla o un sueño... El silencio de un sofá o un salón puede ser pacífico o incomodísimo…
Pero el silencio de un móvil, quizá es el peor de todos… Ese esperar a que suene, y no lo hace… Quieres pensar que todo va bien, pero… Cómo añoro el teléfono fijo, porque ahora el que no quiere decirte algo, no lo hace, siendo consciente de que no lo está haciendo.
Pero el silencio es maravilloso cuando todo va bien.
Paso a paso
- 1
Cortamos los calabacines en rodajas y en un sartén, con aceite pincelado, las freímos ligeramente con una pizca de sal.
- 2
Las hacemos por tandas y vamos reservando.
Bajamos el fuego y colocamos los calabacines cocinados en la sartén, de forma ordenada. Vertemos el huevo batido, y repartimos por toda la superficie.
Volteamos la tortilla con cuidado. - 3
A disfrutar!
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