Lubina al limón (al horno)

Pensando en una tarde de sábado normal, como hoy, me he dado cuenta que hay una verdad de la que pocos hablan y es que la bebida es como los escalones de tu vida, como el estilo de ropa que llevas o la talla que en cada momento tienes que usar; es decir si miras lo que bebes, sabrás cómo eres.
Así, tenemos:
1. Refrescos. Estos no son alcohol. Obvio, pero cuando eras un mico, estos significaban casi casi lo mismo que significarían las bebidas alcohólicas después. Eran la ocasión especial. Dentro de los refrescos no todos eran iguales; estaban los de naranja y limón que eran: medalla de plata y, luego la Cola-Cola que era el premio gordo.
2. Cerveza. Es la bebida permanente. Se empieza a beber de jovenzuelo y te haces viejo con una caña en la mano.
3. Vino bueno. Tras años de beber vinos capaces de desatascar las peores cloacas del planeta, tu paladar dice basta y, exige: vino bueno. Pero es que al vino bueno le pasa que parece que no es beber, te tomas dos copitas al llegar a casa, mientras preparas la cena y, parece que no bebes.
4. Champán. Me enamora pero reconozco que es muy traicionero, entra fácil, se acaba rápido y es muy celoso.
5. Gin Tonic. Es la bebida que se puede pedir de aperitivo, de sobremesa o de copas. No es dulzona, no entra tan fácil y deja muchísima menos resaca. Casa bien con la juerga pero también es una bebida solitaria; una bebida de “estoy hasta el moño de todo, me voy a tomar un GT a mi bola”.
Del agua y la leche, no voy a hablar.
Lubina al limón (al horno)
Pensando en una tarde de sábado normal, como hoy, me he dado cuenta que hay una verdad de la que pocos hablan y es que la bebida es como los escalones de tu vida, como el estilo de ropa que llevas o la talla que en cada momento tienes que usar; es decir si miras lo que bebes, sabrás cómo eres.
Así, tenemos:
1. Refrescos. Estos no son alcohol. Obvio, pero cuando eras un mico, estos significaban casi casi lo mismo que significarían las bebidas alcohólicas después. Eran la ocasión especial. Dentro de los refrescos no todos eran iguales; estaban los de naranja y limón que eran: medalla de plata y, luego la Cola-Cola que era el premio gordo.
2. Cerveza. Es la bebida permanente. Se empieza a beber de jovenzuelo y te haces viejo con una caña en la mano.
3. Vino bueno. Tras años de beber vinos capaces de desatascar las peores cloacas del planeta, tu paladar dice basta y, exige: vino bueno. Pero es que al vino bueno le pasa que parece que no es beber, te tomas dos copitas al llegar a casa, mientras preparas la cena y, parece que no bebes.
4. Champán. Me enamora pero reconozco que es muy traicionero, entra fácil, se acaba rápido y es muy celoso.
5. Gin Tonic. Es la bebida que se puede pedir de aperitivo, de sobremesa o de copas. No es dulzona, no entra tan fácil y deja muchísima menos resaca. Casa bien con la juerga pero también es una bebida solitaria; una bebida de “estoy hasta el moño de todo, me voy a tomar un GT a mi bola”.
Del agua y la leche, no voy a hablar.
Paso a paso
- 1
Precalentamos el horno a 200ºC. Mientras limpiamos la lubina y le practicamos unos ligeros cortes en los lomos. Ponemos unas rodajas de limón dentro y salpimentemos toda su superficie.
- 2
Horneamos 40 minutos a media altura—aunque todo depende de horno, hay que controlarle el color al ojos para saber cuando está hecha y que no se seque mucho—.
- 3
A disfrutar!
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