Tosta de angulas al ajillo

Seamos sinceros, francamente para mí, hay cosas que están sobrevaloradas, y la verdad sea dicha, no sé porqué todo el mundo considera que tenerlas es buenísimo y no tenerlas es una deshonra. Así, por ejemplo: la fuerza de voluntad. Pero, a ver, ¿para qué sirve? Sólo y exclusivamente para hacer algo que no se quiere hacer, y que, en el mejor de los casos, alguien ha dicho que es bueno. Verbigracia: la fuerza de voluntad a mí me sirve para hacer “fitness” en casa, imitando lo que veo en la pantalla del teléfono —o, si estoy con suerte, desde la de la iPad—. En realidad, es algo que no quiero hacer, ya que básicamente, me doy cuenta de mi grave falta de coordinación, mientras sudorosa miró sin pestañear, el reloj de la cuenta atrás. Pero lo hago porque se supone que es bueno.
La fuerza de voluntad, también sirve para cosas como: madrugar, limpiar el polvo —que cinco segundos después estará en el mismo sitio—, comer lechuga cuando lo que apetece es una pizza, etc… Es decir, la fuerza de voluntad es básicamente lo que te sirve para amargarte la vida; pero alguien, en su momento, lanzó una campaña de marketing estupenda y, nos vendió que la fuerza de voluntad era lo más, el top de la gama; y, que si tenías mucha fuerza de voluntad, eras la pera limonera. Pues, yo me rebelo contra eso. La fuerza de voluntad está sobrevalorada y, es una traidora.
Tosta de angulas al ajillo
Seamos sinceros, francamente para mí, hay cosas que están sobrevaloradas, y la verdad sea dicha, no sé porqué todo el mundo considera que tenerlas es buenísimo y no tenerlas es una deshonra. Así, por ejemplo: la fuerza de voluntad. Pero, a ver, ¿para qué sirve? Sólo y exclusivamente para hacer algo que no se quiere hacer, y que, en el mejor de los casos, alguien ha dicho que es bueno. Verbigracia: la fuerza de voluntad a mí me sirve para hacer “fitness” en casa, imitando lo que veo en la pantalla del teléfono —o, si estoy con suerte, desde la de la iPad—. En realidad, es algo que no quiero hacer, ya que básicamente, me doy cuenta de mi grave falta de coordinación, mientras sudorosa miró sin pestañear, el reloj de la cuenta atrás. Pero lo hago porque se supone que es bueno.
La fuerza de voluntad, también sirve para cosas como: madrugar, limpiar el polvo —que cinco segundos después estará en el mismo sitio—, comer lechuga cuando lo que apetece es una pizza, etc… Es decir, la fuerza de voluntad es básicamente lo que te sirve para amargarte la vida; pero alguien, en su momento, lanzó una campaña de marketing estupenda y, nos vendió que la fuerza de voluntad era lo más, el top de la gama; y, que si tenías mucha fuerza de voluntad, eras la pera limonera. Pues, yo me rebelo contra eso. La fuerza de voluntad está sobrevalorada y, es una traidora.
Paso a paso
- 1
Laminamos los ajos y picamos la guindilla. Mientras en una tostadora, tostamos ligeramente el pan.
- 2
En una sartén, con un dedo de aceite, doramos a fuego medio los ajos laminados y la guindilla. Cuando comiencen a dorarse, incorporamos las angulas —y, nunca a fuego fuerte—, dejamos que se vayan cocinando —con mucho cuidado que no se quemen, ni se resequen, y nunca sirviéndolas crudas—.
- 3
Emplatamos: ponemos la tostada en el plato y sobre esta, una cuarta parte de las angulas al ajillo.
- 4
A disfrutar!
Trucos
Puedes añadir salsa de soja o salsa de ostras para un sabor extra.
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