Paso a paso
- 1
En una sartén grande y a fuego medio bajo tuesta las almendras, moviéndolas frecuentemente para que no se quemen. Cuando ya estén ligeramente doradas (después de unos 5 o 10 minutos), extiéndelas en una sola capa sobre un plato grande para que se vayan enfriando.
- 2
Ahora vierte la harina a la sartén y tuéstala también, moviendo constantemente y poniendo mucha atención porque muy fácilmente se puede quemar. Ya doradita la harina, viértela a un tazón y permite que se enfríe.
- 3
Vacía las almendras y media taza de azúcar glass a un procesador de alimentos. Procesa a pulsos hasta que las almendras se hayan deshecho en pedacitos muy chiquitos, pero si permitir que la mezcla se haga pastosa.
- 4
Coloca la mantequilla en un recipiente grande y bátela con una batidora eléctrica hasta que esté cremosa. Agrega la harina, la sala, la vainilla y la mezcla de almendras y bate hasta lograr una mezcla homogénea. Junta la masa en un tazón donde quepa bien y métela al refrigerador durante al menos tres horas.
- 5
Prende el horno a 200°C / 400°F para que se vaya calentando. Vierte la media taza de azúcar glass restante a un tazón mediano.
- 6
Saca la masa de galletas del refrigerador. Con las manos forma bolas de masa de aproximadamente 2.5 centímetros (1 pulgada) y colócalas sobre una charola de metal para hornear. Aplana ligeramente cada bola con los dedos.
- 7
Hornea las galletitas durante unos 15 minutos, hasta que se empiecen a dorar ligeramente.
- 8
Al sacarlas del horno, déjalas un par de minutos sobre la bandeja de metal. Después, levántalas una por una con una espátula de metal y colócalas en el tazón con el azúcar glass. Voltea bien la galletita para que se cubra de azúcar por todos lados.
- 9
Sacudiendo el exceso, coloca la galleta sobre un plato extendido y procede con las demás. Cuando ya todas las galletas se hayan azucarado, permite que se enfríen algunas horas, hasta que alcancen la temperatura ambiente.
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