Arepa colombiana con pollo picante

Hay cosas que guardamos en un rincón —bien escondiditas— no porque no nos importen, sino precisamente por todo lo contrario. Y a veces, mientras permanecen allí, sin mirarlas demasiado, parece que pesan menos. (Porque no todo necesita ser contado, explicado ni compartido).
Pero hay silencios que nacen del cansancio, de no querer dar explicaciones o de temer que una pregunta termine convirtiéndose en un problema mayor.
Así que aprendemos a guardar y a disimular, mientras por dentro, hacemos inventario de lo no dicho.
Además, a veces, lo que más nos inquieta no es dejar de sentirnos queridos, sino no entender por qué, de repente, algo cambia: una mirada distinta, una respuesta más fría... Y entonces empieza esa pequeña investigación privada en la que se termina preguntándose qué se habrá hecho algo mal, mientras la otra persona sigue con su día a día.
De todos modos, después, siempre, todo vuelve a la normalidad. Y una también vuelve —aunque no siempre del todo—. Porque que algo deje de doler no significa necesariamente que hayamos entendido por qué dolía.
Quizá la madurez consista también en aprender que no tenemos que contarlo todo, pero tampoco cargar siempre con todo. Que ser fuerte no es que nada nos afecte y querer a alguien no es convertirnos en adivinos.
Al fin y al cabo, hay cajones que podemos mantener cerrados y, no deberíamos olvidar que también merecemos un poco de paz.
—29ª Semana del Delantal de Cookpad '26-
#DelantalCookpad2026
Arepa colombiana con pollo picante
Hay cosas que guardamos en un rincón —bien escondiditas— no porque no nos importen, sino precisamente por todo lo contrario. Y a veces, mientras permanecen allí, sin mirarlas demasiado, parece que pesan menos. (Porque no todo necesita ser contado, explicado ni compartido).
Pero hay silencios que nacen del cansancio, de no querer dar explicaciones o de temer que una pregunta termine convirtiéndose en un problema mayor.
Así que aprendemos a guardar y a disimular, mientras por dentro, hacemos inventario de lo no dicho.
Además, a veces, lo que más nos inquieta no es dejar de sentirnos queridos, sino no entender por qué, de repente, algo cambia: una mirada distinta, una respuesta más fría... Y entonces empieza esa pequeña investigación privada en la que se termina preguntándose qué se habrá hecho algo mal, mientras la otra persona sigue con su día a día.
De todos modos, después, siempre, todo vuelve a la normalidad. Y una también vuelve —aunque no siempre del todo—. Porque que algo deje de doler no significa necesariamente que hayamos entendido por qué dolía.
Quizá la madurez consista también en aprender que no tenemos que contarlo todo, pero tampoco cargar siempre con todo. Que ser fuerte no es que nada nos afecte y querer a alguien no es convertirnos en adivinos.
Al fin y al cabo, hay cajones que podemos mantener cerrados y, no deberíamos olvidar que también merecemos un poco de paz.
—29ª Semana del Delantal de Cookpad '26-
#DelantalCookpad2026
Paso a paso
- 1
Hacemos las pechuga salpimentadas en el airfryer. Y cuando esté cocinada, la deshilachamos.
- 2
Mientras en una sartén amplia, pochamos la cebolla con un poco de aceite, sal y pimienta. Cuando esté dorada, añadimos la pechuga y cocinamos unos minutos para que se integren. Incorporamos la salsa de tomate y la Valentina (según gustos).
- 3
Descongelamos la masa de las arepas (hechas según la receta indicada). Y en una plancha las cocinamos (también según la receta).
- 4
Abrimos la arepa y rellenamos.
- 5
A disfrutar!
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Comentarios (3)
tienen muy buena pinta 👌