Pizza de pulpo á feira con huevo

Después de escasos dos días sin lluvia, hoy el cielo volvió a llorar y, el hecho de que las temperaturas sean veraniegas ya no es consuelo.
Así que sin mejor plan para esta mañana, decidí dejar la casa manga por hombro y desaparecer con la niebla que venía de la Ría. Por lo que pude comprobar nada más poner un pie en la calle, todos mis vecinos habían pensado lo mismo, así que lo que un principio iba a ser un paseo con los AirPods puestos y sin hablar, fue una constante parada para saludar y también para escuchar conversaciones ajenas.
La primera que me hizo sonreír, fue cuando al parar para que mi Pinscher recuperará la pelota que pasea cual tesoro, una vecina de tres calles más abajo le decía a una desconocida para mí: “Estoy convencida de que todo lo malo que me pasa es por culpa de todas las veces que dije «toco madera» y era melamina”. Solté semejante carcajada que no tuve más remedio que acercarme a saludar y presentarme como es debido.
Sin apenas avanzar en mi desafío de seguir con el paseo, volví a hacerme la remolona cuando vi a dos runners que quitaban el hipo y que tenían menos pelos en las cuatro piernas que yo. Hacían unos extraños ejercicios de yoga y claro está, escuché lo que se decían… en fin, no pude estar más de acuerdo con Simone de Beauvoir que decía que hay personas tan atractivas y, a la vez, con un cerebro tan vacío, que su físico es su regalo de consuelo.
Pizza de pulpo á feira con huevo
Después de escasos dos días sin lluvia, hoy el cielo volvió a llorar y, el hecho de que las temperaturas sean veraniegas ya no es consuelo.
Así que sin mejor plan para esta mañana, decidí dejar la casa manga por hombro y desaparecer con la niebla que venía de la Ría. Por lo que pude comprobar nada más poner un pie en la calle, todos mis vecinos habían pensado lo mismo, así que lo que un principio iba a ser un paseo con los AirPods puestos y sin hablar, fue una constante parada para saludar y también para escuchar conversaciones ajenas.
La primera que me hizo sonreír, fue cuando al parar para que mi Pinscher recuperará la pelota que pasea cual tesoro, una vecina de tres calles más abajo le decía a una desconocida para mí: “Estoy convencida de que todo lo malo que me pasa es por culpa de todas las veces que dije «toco madera» y era melamina”. Solté semejante carcajada que no tuve más remedio que acercarme a saludar y presentarme como es debido.
Sin apenas avanzar en mi desafío de seguir con el paseo, volví a hacerme la remolona cuando vi a dos runners que quitaban el hipo y que tenían menos pelos en las cuatro piernas que yo. Hacían unos extraños ejercicios de yoga y claro está, escuché lo que se decían… en fin, no pude estar más de acuerdo con Simone de Beauvoir que decía que hay personas tan atractivas y, a la vez, con un cerebro tan vacío, que su físico es su regalo de consuelo.
Paso a paso
- 1
Disolvemos la levadura en el agua tibia. Y con la Thermomix, con programa espiga, ponemos 7 minutos con todos los ingredientes en el vaso.
Pasado el tiempo, lo ponemos en un bol, lo tapamos con film transparente y, lo dejamos levar hasta que doble su tamaño. (TRUCO: meterlo en el horno ya apagado pero precalentado a 50°C durante 5 minutos).
Una vez la masa levada, sin amasar, estiramos con las manos, sobre la bandeja de horno, dejando los bordes ligeramente más gorditos. - 2
Repartimos primero una base del tomate frito, espolvoreamos las especias y ponemos la cebolla previamente cortada.
Ponemos las patas de pulpo distribuidas de la mejor manera posible y espolvoreamos los dos tipos de pimentón. Distribuimos también las alcaparras. - 3
Cubrimos con el queso rallado y ponemos un huevo en cada esquina y espolvoreamos de nuevo la albahaca y el orégano.
Horneamos unos 30 minutos a 180°C, con el horno previamente precalentado, primero con calor arriba y abajo, y después sólo por abajo. - 4
A disfrutar!
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