Salmón marinado con burrata y aceite de tomate confitado

Siempre se ha dicho que del amor al odio hay un paso. Supongo que será verdad, ¿quién soy yo para decir lo contrario? Pero siempre he pensado que ese paso (yo prefiero que sea línea, me parece mucho más visual), hay que intentar no darlo (o no cruzarla).
El odio es un sentimiento que todavía no conozco —creo—o por lo menos, no hacia las personas en sí. Sí es verdad, que conozco comportamientos odiosos, músicas odiosas, alimentos odiosos… incluso si me apuro: lugares odiosos… pero ¿personas odiosas? O por lo menos, ¿personas a las que yo odie? Creo que todavía no. Y es que lo pienso fríamente y no me sale nadie. Y espero, de verdad, no tener que albergar ese sentimiento en mi corazón, hacia nadie, nunca.
Recuerdo que de pequeña, vi la película: “La guerra de los Rose”. Sinceramente, y a pesar de sus premios, no me gustó, aunque creo recordar que me reí una barbaridad. Eso de ver un matrimonio aparentemente ejemplar y feliz, tirándose los trastos y jarrones a la cabeza, me pareció absolutamente desternillante, hasta que me di cuenta que gracia, lo que se dice gracia, tampoco tenía. No me preguntéis por ninguna escena en particular, pero recuerdo que ese proceso paulatino y progresivo de conflicto de toda la película, que se va gestando y creciendo, hasta que pasa de latente a manifiesto, no quiero yo sentirlo, nunca, en mis carnes.
Salmón marinado con burrata y aceite de tomate confitado
Siempre se ha dicho que del amor al odio hay un paso. Supongo que será verdad, ¿quién soy yo para decir lo contrario? Pero siempre he pensado que ese paso (yo prefiero que sea línea, me parece mucho más visual), hay que intentar no darlo (o no cruzarla).
El odio es un sentimiento que todavía no conozco —creo—o por lo menos, no hacia las personas en sí. Sí es verdad, que conozco comportamientos odiosos, músicas odiosas, alimentos odiosos… incluso si me apuro: lugares odiosos… pero ¿personas odiosas? O por lo menos, ¿personas a las que yo odie? Creo que todavía no. Y es que lo pienso fríamente y no me sale nadie. Y espero, de verdad, no tener que albergar ese sentimiento en mi corazón, hacia nadie, nunca.
Recuerdo que de pequeña, vi la película: “La guerra de los Rose”. Sinceramente, y a pesar de sus premios, no me gustó, aunque creo recordar que me reí una barbaridad. Eso de ver un matrimonio aparentemente ejemplar y feliz, tirándose los trastos y jarrones a la cabeza, me pareció absolutamente desternillante, hasta que me di cuenta que gracia, lo que se dice gracia, tampoco tenía. No me preguntéis por ninguna escena en particular, pero recuerdo que ese proceso paulatino y progresivo de conflicto de toda la película, que se va gestando y creciendo, hasta que pasa de latente a manifiesto, no quiero yo sentirlo, nunca, en mis carnes.
Paso a paso
- 1
Laminamos el salmón y lo emplatamos dándole forma de rosa (enrollándolo sobre sí mismo).
Ponemos la burrata en el centro y con ayuda de unas tijeras, le damos unos cortes. - 2
Rociamos de manera generosa el aceite de los tomates cherry confitados, e incorporamos la cebolla cortada.
Por último, espolvoreamos el orégano. - 3
A disfrutar!
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