Salmón a la Naranja

Por fortuna, no es a mí a la única que le pasa, ya que he constatado que la ropa (de todos) pasa por diferentes etapas a lo largo de su vida.
Es habitual que al comprar alguna prenda, no se estrene inmediatamente. Suele gustar eso de tenerla un tiempo colgadita con su etiqueta aún puesta. Y postergar ese dulce momento de: estrenar.
Pero más adelante, cuando los excesos navideños hacen mella en el propietario, éste constata con horror que aquello que otrora le sentaba tan bien, ahora resalta sin piedad sus lorcillas, por lo que la guarda para la próxima temporada con la vana esperanza de adelgazar y poder volver a lucirla. Pero el milagro no sucede, así que la divina prenda pasa al montón para donación o al montón de “para estar por casa”. En ese momento, si se dona, el antiguo dueño pasa automáticamente a echarla de menos, pero al dejarla en la segunda opción —que suele tener ya dimensiones colosales—, sigue con el modo ingenuo en on, y cree fervientemente que sólo lo usará para estar por casa, aunque seguirá luciéndola por la calle —y, consecuentemente mostrando sin piedad sus lorzas—.
Pero no nos engañemos, la vida de la prenda sigue avanzando sin miramientos, y tras infinitos lavados, el propietario agarra finamente las tijeras, y la consabida prenda, termina en el cajón de los trapos… donde puede considerar que casi vivirá eternamente.
(Sumamos esta receta a la temática: Revista Cookpad de febrero).
#Revista Cookpad
Salmón a la Naranja
Por fortuna, no es a mí a la única que le pasa, ya que he constatado que la ropa (de todos) pasa por diferentes etapas a lo largo de su vida.
Es habitual que al comprar alguna prenda, no se estrene inmediatamente. Suele gustar eso de tenerla un tiempo colgadita con su etiqueta aún puesta. Y postergar ese dulce momento de: estrenar.
Pero más adelante, cuando los excesos navideños hacen mella en el propietario, éste constata con horror que aquello que otrora le sentaba tan bien, ahora resalta sin piedad sus lorcillas, por lo que la guarda para la próxima temporada con la vana esperanza de adelgazar y poder volver a lucirla. Pero el milagro no sucede, así que la divina prenda pasa al montón para donación o al montón de “para estar por casa”. En ese momento, si se dona, el antiguo dueño pasa automáticamente a echarla de menos, pero al dejarla en la segunda opción —que suele tener ya dimensiones colosales—, sigue con el modo ingenuo en on, y cree fervientemente que sólo lo usará para estar por casa, aunque seguirá luciéndola por la calle —y, consecuentemente mostrando sin piedad sus lorzas—.
Pero no nos engañemos, la vida de la prenda sigue avanzando sin miramientos, y tras infinitos lavados, el propietario agarra finamente las tijeras, y la consabida prenda, termina en el cajón de los trapos… donde puede considerar que casi vivirá eternamente.
(Sumamos esta receta a la temática: Revista Cookpad de febrero).
#Revista Cookpad
Paso a paso
- 1
Salpimentamos el salmón y lo marcamos a fuego fuerte por ambas caras. Reservamos.
- 2
Picamos los ajos y el romero. Preparamos el caldo de verduras. Rallamos las naranjas y le sacamos el zumo de la naranja y del limón. Reservamos.
- 3
En una sartén, con un dedito de aceite rehogamos el ajo y romero a fuego suave. Incorporamos la mitad del caldo y dejamos reducir casi por completo.
- 4
Agregamos la ralladura y los zumos de naranja y del limón. Añadimos los trozos de salmón, y dejamos que se terminen de cocinar y que absorba todos los aromas.
- 5
A disfrutar!
Trucos
Se puede servir con arroz o una ensalada fresca para complementar el plato.
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