Torrijas de Vino

La torrija es un tesoro gastronómico cuya historia se remonta a la Roma antigua, donde el recetario de Apicio ya describía el pan empapado en leche y frito como un manjar.
Aunque en el siglo XV se recomendaban a las mujeres tras el parto por su enorme aporte energético, fue su capacidad para saciar el hambre durante la Cuaresma lo que las convirtió en el icono de la Semana Santa.
Su magia reside en la sencillez: transformar pan duro en un bocado sublime mediante una técnica de tres pasos: infusión, rebozado y fritura.
Las variantes son ricas y diversas, destacando las de leche por su delicadeza y las de vino por su carácter robusto y tradicional. Dependiendo del gusto, pueden terminarse con una lluvia de azúcar y canela o bañarse en un meloso almíbar de miel que las mantiene jugosas durante días.
Esta idea de rescatar el pan sobrante es un concepto universal que ha cruzado fronteras, manifestándose como "Pain Perdu" en Francia, "Rabanadas" en Portugal o las famosas "French Toast" del mundo anglosajón.
En la actualidad, la torrija vive una edad de oro en la alta cocina, donde se experimenta con caramelizados, rellenos de crema pastelera o versiones más ligeras al horno. Sin embargo, más allá de la innovación, la torrija clásica sigue siendo un símbolo de hogar, tradición y el aprovechamiento inteligente de los recursos, demostrando que la cocina más humilde puede alcanzar la excelencia absoluta con paciencia y buenos ingredientes.
#DelantalCookpad2026
Torrijas de Vino
La torrija es un tesoro gastronómico cuya historia se remonta a la Roma antigua, donde el recetario de Apicio ya describía el pan empapado en leche y frito como un manjar.
Aunque en el siglo XV se recomendaban a las mujeres tras el parto por su enorme aporte energético, fue su capacidad para saciar el hambre durante la Cuaresma lo que las convirtió en el icono de la Semana Santa.
Su magia reside en la sencillez: transformar pan duro en un bocado sublime mediante una técnica de tres pasos: infusión, rebozado y fritura.
Las variantes son ricas y diversas, destacando las de leche por su delicadeza y las de vino por su carácter robusto y tradicional. Dependiendo del gusto, pueden terminarse con una lluvia de azúcar y canela o bañarse en un meloso almíbar de miel que las mantiene jugosas durante días.
Esta idea de rescatar el pan sobrante es un concepto universal que ha cruzado fronteras, manifestándose como "Pain Perdu" en Francia, "Rabanadas" en Portugal o las famosas "French Toast" del mundo anglosajón.
En la actualidad, la torrija vive una edad de oro en la alta cocina, donde se experimenta con caramelizados, rellenos de crema pastelera o versiones más ligeras al horno. Sin embargo, más allá de la innovación, la torrija clásica sigue siendo un símbolo de hogar, tradición y el aprovechamiento inteligente de los recursos, demostrando que la cocina más humilde puede alcanzar la excelencia absoluta con paciencia y buenos ingredientes.
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Paso a paso
- 1
Calienta el vino con el agua, azúcar, canela, clavo y limón hasta que hierva un minuto. Deja templar.
- 2
Remoja las rebanadas de pan en la mezcla de vino hasta que estén bien empapadas.
- 3
Bate los huevos y pasa las rebanadas remojadas por el huevo.
- 4
Fríe las torrijas en aceite caliente hasta que estén doradas por ambos lados.
- 5
Escurre sobre papel y espolvorea con azúcar y canela en polvo.
Trucos
Para un sabor más intenso, puedes dejar las torrijas en remojo durante más tiempo.
Es mejor utilizar un vino bueno (aunque sean los últimos culines de la botella) que utilizar un simple vino para cocinar. En este caso he utilizado los restos de una botella de variedad Syrah.
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