Galletas de zanahoria

No sé si ya os he hablado del gato de Schrödinger, pero como hoy me acaban de regalar una camiseta sobre él, voy a repetirme —si es que ya lo había hecho antes—.
El gato de Schrödinger es un experimento mental propuesto por el físico austriaco —premio Nobel— Erwin Schrödinger, que en 1935, quiso explicar los extraños conceptos de la mecánica cuántica, especialmente la superposición cuántica (la posibilidad de que dos estados opuestos existan simultáneamente) y su imprevisibilidad.
En la paradoja, el gato está dentro de una caja cerrada, con un recipiente de cianuro de hidrógeno (gas venenoso) y un martillo conectado a una fuente radioactiva. Es posible que después de un período de tiempo, la desintegración radioactiva de algún átomo active el martillo, este rompa el recipiente de cianuro y libere el veneno que mataría al gato. O puede que no. Así que mientras la caja permanezca cerrada, el gato está en un estado de superposición: vivo y muerto, al mismo tiempo. Y ninguno de esos estados puede ser anticipado, ya que en el poco intuitivo mundo de la física cuántica, no se puede saber con certeza qué estado tiene una partícula y dónde se encuentra, hasta que se interactúa con ella —sólo en ese instante se pierde la multiplicidad de estados reales que se superponen—. Recientemente he leído que se está consiguiendo esa anticipación, y que el gato ya ha sobrevivido 23 minutos (pero ese experimento merece una receta aparte).
Galletas de zanahoria
No sé si ya os he hablado del gato de Schrödinger, pero como hoy me acaban de regalar una camiseta sobre él, voy a repetirme —si es que ya lo había hecho antes—.
El gato de Schrödinger es un experimento mental propuesto por el físico austriaco —premio Nobel— Erwin Schrödinger, que en 1935, quiso explicar los extraños conceptos de la mecánica cuántica, especialmente la superposición cuántica (la posibilidad de que dos estados opuestos existan simultáneamente) y su imprevisibilidad.
En la paradoja, el gato está dentro de una caja cerrada, con un recipiente de cianuro de hidrógeno (gas venenoso) y un martillo conectado a una fuente radioactiva. Es posible que después de un período de tiempo, la desintegración radioactiva de algún átomo active el martillo, este rompa el recipiente de cianuro y libere el veneno que mataría al gato. O puede que no. Así que mientras la caja permanezca cerrada, el gato está en un estado de superposición: vivo y muerto, al mismo tiempo. Y ninguno de esos estados puede ser anticipado, ya que en el poco intuitivo mundo de la física cuántica, no se puede saber con certeza qué estado tiene una partícula y dónde se encuentra, hasta que se interactúa con ella —sólo en ese instante se pierde la multiplicidad de estados reales que se superponen—. Recientemente he leído que se está consiguiendo esa anticipación, y que el gato ya ha sobrevivido 23 minutos (pero ese experimento merece una receta aparte).
Pasos de la receta
- 1
Precalentamos el horno a 200ºC. Rallamos las zanahorias y mezclamos el aceite con el azúcar. Añadimos la zanahoria rallada, volvemos a mezclar y agregamos los ingredientes secos: la harina, la esencia de vainilla, la sal y la levadura.
- 2
Mezclamos bien hasta que quede todo bien integrado.
Tomamos pequeñas porciones de masa y formamos bolitas que iremos depositando sobre una bandeja de horno cubierta con papel de hornear.
Por último, horneamos 25 minutos o hasta que las galletas estén bien doraditas. - 3
A disfrutar!
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