Mi pan de cebolla con centeno, semillas y orégano

Hace más de seis meses publiqué mi primer pan casero en Cookpad. Desde entonces no he vuelto comer pan que no sea hecho por mí. El pan había dejado de ser un accesorio prescindibley. Comprendí entonces una exclamación que había escuchado hacía más de 40 años y cuya historia acudió sin que la llamara. Es la siguiente: era yo un médico general El Talar de Pacheco, un suburbio de viveros, barrios de clase media y barrios obreros, con calles de barro a las que entraba con mis botas a ver pacientes. Al cabo de unos años hice mi primer viaje a Europa luego de liquidar un centro radiológico montado en sociedad -había terminado la especialidad mientras atendía en El Talar-. Cuando se enteró de eso, Juan Primiani, paciente, arregla todo de mi casa y amigo, me invitó a conocer a su familia en Campobasso con la misma naturalidad y alegría con que nos invitaba a comer pizza casera con su familia. Y allí fuimos en auto desde Venecia pasando por Florencia, Roma, Nápoles, finalmente Campobasso, situado en el medio de Italia. La familia de Juan vivía en una granja en los suburbios en una casa amplia de dos plantas, la de arriba para la vivienda. Nos recibieron con una generosidad conmovedora. Aunque nos negamos insistieron en que ocupáramos su amplia cama matrimonial. Los dos hermanos de Juan trabajaban como obreros en la ciudad. La granja había quedado a cargo de las mujeres que sembraban la huerta, cuidaban las plantas frutales y ordeñaban la vaca -la muca, decían- que tenía su establo para pasar las nieves del invierno en la parte de abajo del dormitorio. El resto de la planta baja estaba dedicado a depósito de las papas, cebollas, ajos, encurtidos, embutidos, quesos caseros, tarros con salsa de tomate, reservas caseras para todo el año. Llegamos a la tarde. Inmediatamente comenzaron a alimentarnos, como hacen las buenas familias italianas. Una de las mujeres trajo un gran pan casero bajo el brazo, y sin soltarlo comenzó a cortarlo con un cuchillo. Entonces exclamó: "esto es comida". En ese momento no lo comprendí. Ahora también para mí el pan es comida. Luego trajeron queso, embutidos. Y vino. Charlamos largamente. Las conversaciones eran sostenidas animadamente por Graciela, que simpatizó de inmediato con esas mujeres que se habían puesto la casa y la granja al hombro. Ya en El Talar, le contamos a Juan de su familia y le agradecimos. Luego vino la dictadura. Fuimos a México para salvar la vida. Regresamos en 1986. Juan había muerto. Nunca más viví en El Talar.
Esta receta fue hecha en el horno de pan ATMA. Puede verse como un tutorial para utilizarla.
En recuerdo de Juan, su familia, y de todos los que ya no pudimos ver más.
Mi pan de cebolla con centeno, semillas y orégano
Hace más de seis meses publiqué mi primer pan casero en Cookpad. Desde entonces no he vuelto comer pan que no sea hecho por mí. El pan había dejado de ser un accesorio prescindibley. Comprendí entonces una exclamación que había escuchado hacía más de 40 años y cuya historia acudió sin que la llamara. Es la siguiente: era yo un médico general El Talar de Pacheco, un suburbio de viveros, barrios de clase media y barrios obreros, con calles de barro a las que entraba con mis botas a ver pacientes. Al cabo de unos años hice mi primer viaje a Europa luego de liquidar un centro radiológico montado en sociedad -había terminado la especialidad mientras atendía en El Talar-. Cuando se enteró de eso, Juan Primiani, paciente, arregla todo de mi casa y amigo, me invitó a conocer a su familia en Campobasso con la misma naturalidad y alegría con que nos invitaba a comer pizza casera con su familia. Y allí fuimos en auto desde Venecia pasando por Florencia, Roma, Nápoles, finalmente Campobasso, situado en el medio de Italia. La familia de Juan vivía en una granja en los suburbios en una casa amplia de dos plantas, la de arriba para la vivienda. Nos recibieron con una generosidad conmovedora. Aunque nos negamos insistieron en que ocupáramos su amplia cama matrimonial. Los dos hermanos de Juan trabajaban como obreros en la ciudad. La granja había quedado a cargo de las mujeres que sembraban la huerta, cuidaban las plantas frutales y ordeñaban la vaca -la muca, decían- que tenía su establo para pasar las nieves del invierno en la parte de abajo del dormitorio. El resto de la planta baja estaba dedicado a depósito de las papas, cebollas, ajos, encurtidos, embutidos, quesos caseros, tarros con salsa de tomate, reservas caseras para todo el año. Llegamos a la tarde. Inmediatamente comenzaron a alimentarnos, como hacen las buenas familias italianas. Una de las mujeres trajo un gran pan casero bajo el brazo, y sin soltarlo comenzó a cortarlo con un cuchillo. Entonces exclamó: "esto es comida". En ese momento no lo comprendí. Ahora también para mí el pan es comida. Luego trajeron queso, embutidos. Y vino. Charlamos largamente. Las conversaciones eran sostenidas animadamente por Graciela, que simpatizó de inmediato con esas mujeres que se habían puesto la casa y la granja al hombro. Ya en El Talar, le contamos a Juan de su familia y le agradecimos. Luego vino la dictadura. Fuimos a México para salvar la vida. Regresamos en 1986. Juan había muerto. Nunca más viví en El Talar.
Esta receta fue hecha en el horno de pan ATMA. Puede verse como un tutorial para utilizarla.
En recuerdo de Juan, su familia, y de todos los que ya no pudimos ver más.
Pasos de la receta
- 1
Elemento indispensable: el horno de pan ATMA.
- 2
Con el horno desenchufado, sacar el molde y ponerlo cerca de los ingredientes.
- 3
Ingredientes 1: Las harinas pesándose
- 4
Ingredientes II: aceite, semillas levadura
- 5
Ingredientes III: cebollas picadas
- 6
Ingredientes IV: sal, pimienta, orégano
- 7
Saltear sin sal a la cebolla con dos cucharadas de aceite hasta que queden transparentes. Ponerlas a enfriar antes de incorporarlas al molde
- 8
Poner en el molde primero los líquidos: leche a no más de 30 grados, el aceite; además la cebolla y las semillas
- 9
Agregar ahora las harinas, luego la sal y la levadura que debe ponerse en lados opuestos, pues la sal inhibe a la levadura
- 10
Poner el molde en el horno, cerrar la tapa, enchufar el horno y poner el siguiente programa: No. 2, para pan francés. Poner el tamaño más chico; aunque diga 680 gramos, igual sirve para nuestros 300 gramos. Poner el grado de tostado que se quiera. Yo prefiero medio. Más oscuro queda como quemado. Vemos que nuestro pan estará listo en tres horas y 40 minutos. Poner en marcha el horno.
- 11
Los primeros 18 minutos son de amasado. Levantar la tapa y mirarlo. Si al girar no incorpora paulatinamente la harina, es que falta un poco de líquido: agregarlo. Si la masa se pega, falta algo de harina: agregarla. En mi caso, no hizo falta ninguna corrección.
- 12
Tapar e irse a dormir. A la mañana encontrarán un pan crujiente, con un maravilloso olor a pan fresco.
- 13
Así luce cuando se corta. Al recetario de ATMA le hice las siguientes modificaciones: 1. 300 gramos en vez de 500, que me resulta excesivo. 2. cocino sin manteca, que reemplazo con aceite. 3. cambié 100 gramos de harina 000 por 100 gramos de harina de centeno para hacerlo más saludable, al igual que las semillas. 4, la cantidad de leche es proporcional a la cantidad de harinas. SALIO ESTUPENDO
- 14
Y ahora a disfrutarlo. En el desayuno con dulce, con queso y salame en la picada, o solo, que es bien sabroso.
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