Bombón de melocotón con brandy

(IX)
Era el primer viaje que organizaban las monjas como fin de curso, así que decidieron hacerlo a lo grande: desde Navidad había habido rifas, venta de dulces y concursos.
Pero además —y lo más importante—, era su primer viaje en avión y con sus amigas (y sin la vigilancia de sus padres o hermana). Lo tenía todo listo desde hacia dos meses, maleta roja a estrenar, pantalones cortos y camisetas nuevas y un neceser con todo lo inimaginable.
El vuelo —que tuvo que esperar por ellas, al ser charter— fue rapidísimo, en apenas un suspiro, ya habían aterrizado en la isla, tras recoger las maletas, las esperaba el autobús que las llevó a su hotel. Compartía la habitación con una de sus mejores amigas, y supo en cuanto entró, que iba a dormir muy poco durante la próxima semana.
Las monjas lo tenían todo previsto, todas las visitas contratadas, todos los tiempos al milímetro, para así, no dejar nada, ni al azar ni al aburrimiento… pero quizá no pensaron que se llevaban unas adolescentes fuera del control de sus padres, con dinero en los bolsillos y muchas ganas de reírse.
Ella se enamoró de las cuevas del Drach (y más de la orquesta que les acompañó —siendo tan melómana como es—), en la Catedral de Santa María, estuvo toda una tarde para bocetar el rosetón y al Monasterio del Lluc fueron dos días consecutivos…. Pero ese primer viaje que hizo a Mallorca…
~~continuará~~
Bombón de melocotón con brandy
(IX)
Era el primer viaje que organizaban las monjas como fin de curso, así que decidieron hacerlo a lo grande: desde Navidad había habido rifas, venta de dulces y concursos.
Pero además —y lo más importante—, era su primer viaje en avión y con sus amigas (y sin la vigilancia de sus padres o hermana). Lo tenía todo listo desde hacia dos meses, maleta roja a estrenar, pantalones cortos y camisetas nuevas y un neceser con todo lo inimaginable.
El vuelo —que tuvo que esperar por ellas, al ser charter— fue rapidísimo, en apenas un suspiro, ya habían aterrizado en la isla, tras recoger las maletas, las esperaba el autobús que las llevó a su hotel. Compartía la habitación con una de sus mejores amigas, y supo en cuanto entró, que iba a dormir muy poco durante la próxima semana.
Las monjas lo tenían todo previsto, todas las visitas contratadas, todos los tiempos al milímetro, para así, no dejar nada, ni al azar ni al aburrimiento… pero quizá no pensaron que se llevaban unas adolescentes fuera del control de sus padres, con dinero en los bolsillos y muchas ganas de reírse.
Ella se enamoró de las cuevas del Drach (y más de la orquesta que les acompañó —siendo tan melómana como es—), en la Catedral de Santa María, estuvo toda una tarde para bocetar el rosetón y al Monasterio del Lluc fueron dos días consecutivos…. Pero ese primer viaje que hizo a Mallorca…
~~continuará~~
Paso a paso
- 1
Activamos la gelatina en un plato con agua fría, mientras cortamos los melocotones en 4 trozos cada uno, y los colocamos en los moldes de silicona.
En un vaso ponemos las cantidades de almíbar y brandy, mezclamos y calentamos 30 segundos en el microondas. Incorporamos la gelatina escurrida y removemos bien, hasta que el líquido vuelva a estar transparente. Rellenamos los moldes y reservamos en nevera. - 2
Transcurrido en tiempo, desmoldamos con cuidado.
- 3
A disfrutar!
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