Lomo de cerdo relleno de cecina de León y queso La Peral

Como todos, lo confieso, yo también he pecado y he estudiado marketing (ya no recuerdo si en la carrera o en máster), pero sigo sin entender la manía que tienen los publicistas de hacer anuncios con animalitos —ya sean reales o dibujos— con la intención de vender más. O la fea costumbre de poner uno de esos animalitos como logo de las propias marcas.
Al principio, pensé en que habían creído que por el hecho de que veamos una criaturita contándonos las bondades del producto en cuestión, hace que se nos quede cara de panolis y, con el embobamiento, digamos a todo que sí. A la cabeza me viene los osos de Bimbo, Mimosin o Tous, el corderito de Noritt, el perrito del papel higiénico, o los conejitos de Duracell… Pero y los toros de RedBull (que además tienen alas… Pero vamos a ver ¡por amor de Dios! ¿quién ha visto un toro con alas? —¡vale! Los que toman esas bebidas—), el de Lamborghini, el cocodrilo de Lacoste, el caballito de Porsche y el de Ferrari o el león de Peugeot —y mil más que hay en el camino, y que ahora mismo no me acuerdo—. Pero os habéis fijado, que (casi) todos están más estilizados que cuando comenzaron en sus inicios, creo que las únicas que siguen estando saludables son las vacas, la lila del chocolate y la roja (que además ríe) de los quesos. ¿Porqué será?
Lomo de cerdo relleno de cecina de León y queso La Peral
Como todos, lo confieso, yo también he pecado y he estudiado marketing (ya no recuerdo si en la carrera o en máster), pero sigo sin entender la manía que tienen los publicistas de hacer anuncios con animalitos —ya sean reales o dibujos— con la intención de vender más. O la fea costumbre de poner uno de esos animalitos como logo de las propias marcas.
Al principio, pensé en que habían creído que por el hecho de que veamos una criaturita contándonos las bondades del producto en cuestión, hace que se nos quede cara de panolis y, con el embobamiento, digamos a todo que sí. A la cabeza me viene los osos de Bimbo, Mimosin o Tous, el corderito de Noritt, el perrito del papel higiénico, o los conejitos de Duracell… Pero y los toros de RedBull (que además tienen alas… Pero vamos a ver ¡por amor de Dios! ¿quién ha visto un toro con alas? —¡vale! Los que toman esas bebidas—), el de Lamborghini, el cocodrilo de Lacoste, el caballito de Porsche y el de Ferrari o el león de Peugeot —y mil más que hay en el camino, y que ahora mismo no me acuerdo—. Pero os habéis fijado, que (casi) todos están más estilizados que cuando comenzaron en sus inicios, creo que las únicas que siguen estando saludables son las vacas, la lila del chocolate y la roja (que además ríe) de los quesos. ¿Porqué será?
Paso a paso
- 1
Limpiamos el lomo de toda la grasa posible, y con cuidado, longitudinalmente, vamos abriéndolo hasta conseguir la máxima extensión posible.
Salpimentamos todo el lomo (con cuidado de la sal, ya que La Peral es salado de por sí); y ponemos una capa de cecina de León y encima el queso.
Cerramos el lomo, enrollándolo sobre sí mismo, y lo atamos fuertemente con guita.
(No me acordé de hacer foto de estos pasos). - 2
Sellamos el lomo en una sartén por todos sus lados.
- 3
Mientras cortamos las patatas y la cebolla, y las extendemos como cama en una bandeja apta para horno.
Ponemos el lomo sellado encima, y con el horno precalentado, horneamos a 180º durante al menos 40 minutos. - 4
Quitamos la guita y cortamos en rodajas.
- 5
A disfrutar!
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