Aguacate a la parrilla con burrata, salmón marinado y salsa de trufa con miel

Ya he dicho en más de una ocasión que no soy muy amiga de la televisión, pero últimamente, cada noche, me veo un par de capítulos de cualquier serie “decente” que encontremos por la amalgama de canales que tenemos —a simple vista, puede parecer una tarea sencilla, ¿verdad? Pues no lo es tanto. Creedme—.
El caso es que hallábame yo tranquilamente, viendo el susodicho capítulo, cuando una fruslería, un detalle sin importancia, una nimiedad, vino a perturbar la tranquilidad que estaba teniendo hasta aquel entonces. Y ahí estaba: la protagonista era atacada y secuestrada en su propio coche, y mientras estaba en estado de sopor, por el golpe recibido, se iba creando un charquito de sangre en la alfombrilla…. Mi mente, ante tal visión, no podía parar de preguntarse: pero,¿cómo hará esta desgraciaíta cuando regrese feliz a su casa, y tenga que limpiar eso? (Obviamente iba a regresar a su casa, es la protagonista). No diré que llegué a hiperventilar con la imagen de la mancha, pero creo que me faltó el canto de un duro. (Bueno, ¡vale! Con esto último estoy exagerando).
A ver ¿en qué momento las manías de una dejan de ser un simpático dato anecdótico y comienzan a ser susceptibles de tratamiento psicológico? ¿A alguien más le pasan estas cosas? Decidme que sí, por piedad. Mentidme si es necesario, pero es que no quiero presumir con mis amigos, de que he conocido en persona a Napoléon y a Catalina la Grande en el pabellón psiquiátrico.
Aguacate a la parrilla con burrata, salmón marinado y salsa de trufa con miel
Ya he dicho en más de una ocasión que no soy muy amiga de la televisión, pero últimamente, cada noche, me veo un par de capítulos de cualquier serie “decente” que encontremos por la amalgama de canales que tenemos —a simple vista, puede parecer una tarea sencilla, ¿verdad? Pues no lo es tanto. Creedme—.
El caso es que hallábame yo tranquilamente, viendo el susodicho capítulo, cuando una fruslería, un detalle sin importancia, una nimiedad, vino a perturbar la tranquilidad que estaba teniendo hasta aquel entonces. Y ahí estaba: la protagonista era atacada y secuestrada en su propio coche, y mientras estaba en estado de sopor, por el golpe recibido, se iba creando un charquito de sangre en la alfombrilla…. Mi mente, ante tal visión, no podía parar de preguntarse: pero,¿cómo hará esta desgraciaíta cuando regrese feliz a su casa, y tenga que limpiar eso? (Obviamente iba a regresar a su casa, es la protagonista). No diré que llegué a hiperventilar con la imagen de la mancha, pero creo que me faltó el canto de un duro. (Bueno, ¡vale! Con esto último estoy exagerando).
A ver ¿en qué momento las manías de una dejan de ser un simpático dato anecdótico y comienzan a ser susceptibles de tratamiento psicológico? ¿A alguien más le pasan estas cosas? Decidme que sí, por piedad. Mentidme si es necesario, pero es que no quiero presumir con mis amigos, de que he conocido en persona a Napoléon y a Catalina la Grande en el pabellón psiquiátrico.
Paso a paso
- 1
Cortamos los aguacates por la mitad y le sacamos el hueso.
Los marcamos en la parrilla, un par de minutos. - 2
Mientras en un cuenco, mezclamos la salsa de trufa con la miel.
- 3
Emplatamos el aguacate, y colocamos media burrata encima (justo en el hueco donde estaba el hueso).
Cubrimos con el salmón marinado por toda la superficie y, vertemos la mezcla de miel y trufa sobre cada uno de los aguacates. - 4
A disfrutar!
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