Bizcochuelo matero marmolado caserito express

Hay recetas que nacen en cuadernos viejos y otras que nacen de la necesidad de hacer algo dulce en medio de una tarde cualquiera.
Dos huevos. Harina. Un poco de aceite. Ralladura de limón. Nada extraordinario. Nada que prometa cambiar el mundo.
En lugar de leche, soda. Porque a veces uno cocina con lo que tiene y descubre que la vida también funciona así. No siempre se trata de los ingredientes perfectos, sino de animarse a mezclar los que están al alcance de la mano.
La masa queda clara, sencilla. Pero entonces separo una parte y le agrego cacao. Es inevitable. Hasta en las historias más luminosas aparecen sombras. No para arruinarlas, sino para darles profundidad.
Después viene mi momento favorito: dejar caer el chocolate como lluvia sobre la mezcla blanca. No lo mezclo del todo. Apenas unas vueltas. Lo suficiente para que convivan.
Porque la vida no es blanca ni negra. Es marmolada.
Está hecha de alegrías y desencuentros, de sueños y decepciones, de personas que llegan y personas que se van. De tardes amargas y mañanas dulces. De todo eso junto.
Y cuando el bizcochuelo sale del horno, entiendo que el secreto nunca estuvo en los ingredientes. Estuvo en aceptar que las mejores cosas nacen cuando aprendemos a convivir con nuestros contrastes.
Como ese dibujo imperfecto que aparece al cortar una porción y descubrir que, al final, el chocolate y la vainilla nunca estuvieron peleados. Sólo estaban escribiendo la misma historia.
Bizcochuelo matero marmolado caserito express
Hay recetas que nacen en cuadernos viejos y otras que nacen de la necesidad de hacer algo dulce en medio de una tarde cualquiera.
Dos huevos. Harina. Un poco de aceite. Ralladura de limón. Nada extraordinario. Nada que prometa cambiar el mundo.
En lugar de leche, soda. Porque a veces uno cocina con lo que tiene y descubre que la vida también funciona así. No siempre se trata de los ingredientes perfectos, sino de animarse a mezclar los que están al alcance de la mano.
La masa queda clara, sencilla. Pero entonces separo una parte y le agrego cacao. Es inevitable. Hasta en las historias más luminosas aparecen sombras. No para arruinarlas, sino para darles profundidad.
Después viene mi momento favorito: dejar caer el chocolate como lluvia sobre la mezcla blanca. No lo mezclo del todo. Apenas unas vueltas. Lo suficiente para que convivan.
Porque la vida no es blanca ni negra. Es marmolada.
Está hecha de alegrías y desencuentros, de sueños y decepciones, de personas que llegan y personas que se van. De tardes amargas y mañanas dulces. De todo eso junto.
Y cuando el bizcochuelo sale del horno, entiendo que el secreto nunca estuvo en los ingredientes. Estuvo en aceptar que las mejores cosas nacen cuando aprendemos a convivir con nuestros contrastes.
Como ese dibujo imperfecto que aparece al cortar una porción y descubrir que, al final, el chocolate y la vainilla nunca estuvieron peleados. Sólo estaban escribiendo la misma historia.
Paso a paso
- 1
Precalentar el horno a 180°
- 2
En un bowl batir el azúcar con los 2 huevos y agregamos el aceite
- 3
Luego incorporamos la soda, y seguimos batiendo.
- 4
Incorporamos el polvo de hornear y la harina de a poco, mejor si está tamizada
- 5
Agregar la ralladura de limón 🍋
- 6
Verter en un molde aceitado con aceite vegetal -lo hice yo- en aerosol 2/3 de la mezcla
- 7
La mezcla restante le agregamos la cucharada de cacao en polvo y batimos con una cuchara con movimientos envolventes hasta integrar y agregamos a la mezcla anterior. Vamos incorporando de a poco en círculos
- 8
Colocamos en horno precalentado unos 25/30' hasta que al pinchar con un palillo o un cuchillo salga seco.
- 9
Ahora desmoldar, esperar que se enfríe y a disfrutar con unos ricos 🧉 mates
Trucos
Yo utilicé soda en vez de leche, para darle más aire a la masa
Palabras clave
Recetas similares
Más recetas
















Comentarios