Marmitako, con matices

El marmitako es, por derecho propio, uno de los grandes tótems de la cocina marinera. Nació en los barcos pesqueros, donde la sencillez de los ingredientes se aliaba con la frescura del mar. Sin embargo, la cocina es un arte vivo que evoluciona en cada fogón, y esta receta es buena prueba de ello.
En esta versión respetamos el alma del plato, pero introducimos dos "matices" que lo transforman por completo:
- El abrazo del Sur: Sustituimos el clásico txakoli por un vino fino de Montilla-Moriles. Su crianza biológica aporta una acidez punzante, pero con unos matices de frutos secos y una estructura que elevan el sofrito a otra dimensión al reducirse a la mínima expresión.
- La revolución de la textura: En lugar de cocer las patatas en el guiso para trabar el caldo, aquí se chascan y se fríen hasta quedar escandalosamente crujientes. Al servirlas por encima en el último momento, rompemos la monotonía del plato tradicional, regalando al comensal un contraste crujiente y térmico formidable en cada bocado.
Todo ello, por supuesto, mimando el producto principal: un buen atún cocinado exclusivamente con el calor residual de la cazuela apagada, garantizando que cada dado quede increíblemente jugoso, tierno y en su punto exacto. Un plato de tradición, pero con firma propia.
Marmitako, con matices
El marmitako es, por derecho propio, uno de los grandes tótems de la cocina marinera. Nació en los barcos pesqueros, donde la sencillez de los ingredientes se aliaba con la frescura del mar. Sin embargo, la cocina es un arte vivo que evoluciona en cada fogón, y esta receta es buena prueba de ello.
En esta versión respetamos el alma del plato, pero introducimos dos "matices" que lo transforman por completo:
- El abrazo del Sur: Sustituimos el clásico txakoli por un vino fino de Montilla-Moriles. Su crianza biológica aporta una acidez punzante, pero con unos matices de frutos secos y una estructura que elevan el sofrito a otra dimensión al reducirse a la mínima expresión.
- La revolución de la textura: En lugar de cocer las patatas en el guiso para trabar el caldo, aquí se chascan y se fríen hasta quedar escandalosamente crujientes. Al servirlas por encima en el último momento, rompemos la monotonía del plato tradicional, regalando al comensal un contraste crujiente y térmico formidable en cada bocado.
Todo ello, por supuesto, mimando el producto principal: un buen atún cocinado exclusivamente con el calor residual de la cazuela apagada, garantizando que cada dado quede increíblemente jugoso, tierno y en su punto exacto. Un plato de tradición, pero con firma propia.
Paso a paso
- 1
Cortamos a mano sobre la cazuela la cebolla y el pimiento, añadimos los ajos en rodajas, salpimentamos al gusto, un buen chorro de AOVE y la ponemos a fuego lento, pochando hasta que la cebolla empiece a tomar color.
- 2
Desglasamos con el vino hasta reducir casi por completo.
- 3
Añadimos el tomate, media cucharadita de pimentón, mezclamos y seguimos cocinando que reduzca bastante, aportará un sabor más concentrado.
- 4
Echamos el caldo de pescado, mezclamos, llevamos a ebullición y cubrimos con la tapa, cocinando 10-15 minutos a fuego mínimo.
- 5
Cortamos los filetes de atún en dados del mismo grosor que cada filete, los añadimos a la cazuela, mezclamos, retiramos del fuego y dejamos reposar unos minutos con la tapa puesta, que el atún se cocine con el calor residual.
- 6
Chascamos 2-3 patatas medianas y las freímos a fuego medio-alto hasta dejarlas bien crujientes por fuera.
- 7
Servimos el marmitako, añadimos unas patatas por encima y listo, a disfrutar del manjar!
Recetas similares
Más recetas





Comentarios