Mi ossobuco a la Milanesa / a la gremolata

En algún momento se pidio desde Cookpad un plato con ossobuco (el hueso con agujero, literalemente en italiano, caracú con carne para mis hijos que se deleitaban con la médula que ponían sobre un pan y luego sal). Esta vez decidí ir en busca de mis otros ancestros, los Lorenzanos, y recordé cuando con Pablo fuimos a Caloveto, donde nació mi abuelo paterno. Un pequeño pueblo de 1200 habitantes al que llegamos por un camino que sube hasta los 900 metros de altura, y desde que se ve el mar Tirreno.
Llegamos a la única plaza, enfrente del único bar, en el que preguntamos por nuestra familia, luego de contar quiénes éramos. Inmediatamente nos llevaron a la casa de un primo lejano -nuestros abuelos fueron hermanos-. Llega su hijo Paolo, parecidísimo a mi hijo Pablo.
En tres días en encuentros yendo desde Rossano en la costa a Caloveto en lo alto conocimos lejanos primos, sobrinos entrañables, familiares que nos contaban de sus vidas de trabajo en el exterior, y ahora de retiro en casas modernizadas, porciones de terrenos en el que criaban cerdos con bellotas y hacía vino con vides milenarias, llevadas por los griegos a esa región, la Magna Grecia.
No llevaban de una casa a otra, convidándonos, intersándose por Buenos Aires y por nosotros. Comimos interminablemente.
Recuerdo los fusiles al fierrito de mi prima, acompañados con cabrito, entradas, fruta y quesos (y fuentes de vino), y en que al atardecer no me creyeron apto para manejar de regreso y nos llevaron en un auto mientras otro familiar conducía el nuestro hasta el hotel.
En su homenaje, y prolongando su propia tradición culinaria -parte de la familia vive en Florencia, donde en ese momento unos tenían un restaurante sobre el Arno, y otros fabricaban vinos finos Laurenzano (el verdadero apellido nuestro, escrito Lorenzano en el registro civil de Santa Rosa).
La salsa en una antigua variante de la "gremolata" en la que prima el peregil y el limón, sin rastros de tomate, austera pero por lo mismo sorprendentemente sabrosa. Como verán en el relato, reemplacé exitosamente el vino blanco por el tinto. Cambió para mejor el color y el sabor.
Ese mismo vino llena mi copa mientras saboreo mi ossobuco. La levanto y brindo con ella por mi familia próxima y por la lejana, en mis orígenes. Brindo por ustedes, amigos y amigas de Cookpad.
Mi ossobuco a la Milanesa / a la gremolata
En algún momento se pidio desde Cookpad un plato con ossobuco (el hueso con agujero, literalemente en italiano, caracú con carne para mis hijos que se deleitaban con la médula que ponían sobre un pan y luego sal). Esta vez decidí ir en busca de mis otros ancestros, los Lorenzanos, y recordé cuando con Pablo fuimos a Caloveto, donde nació mi abuelo paterno. Un pequeño pueblo de 1200 habitantes al que llegamos por un camino que sube hasta los 900 metros de altura, y desde que se ve el mar Tirreno.
Llegamos a la única plaza, enfrente del único bar, en el que preguntamos por nuestra familia, luego de contar quiénes éramos. Inmediatamente nos llevaron a la casa de un primo lejano -nuestros abuelos fueron hermanos-. Llega su hijo Paolo, parecidísimo a mi hijo Pablo.
En tres días en encuentros yendo desde Rossano en la costa a Caloveto en lo alto conocimos lejanos primos, sobrinos entrañables, familiares que nos contaban de sus vidas de trabajo en el exterior, y ahora de retiro en casas modernizadas, porciones de terrenos en el que criaban cerdos con bellotas y hacía vino con vides milenarias, llevadas por los griegos a esa región, la Magna Grecia.
No llevaban de una casa a otra, convidándonos, intersándose por Buenos Aires y por nosotros. Comimos interminablemente.
Recuerdo los fusiles al fierrito de mi prima, acompañados con cabrito, entradas, fruta y quesos (y fuentes de vino), y en que al atardecer no me creyeron apto para manejar de regreso y nos llevaron en un auto mientras otro familiar conducía el nuestro hasta el hotel.
En su homenaje, y prolongando su propia tradición culinaria -parte de la familia vive en Florencia, donde en ese momento unos tenían un restaurante sobre el Arno, y otros fabricaban vinos finos Laurenzano (el verdadero apellido nuestro, escrito Lorenzano en el registro civil de Santa Rosa).
La salsa en una antigua variante de la "gremolata" en la que prima el peregil y el limón, sin rastros de tomate, austera pero por lo mismo sorprendentemente sabrosa. Como verán en el relato, reemplacé exitosamente el vino blanco por el tinto. Cambió para mejor el color y el sabor.
Ese mismo vino llena mi copa mientras saboreo mi ossobuco. La levanto y brindo con ella por mi familia próxima y por la lejana, en mis orígenes. Brindo por ustedes, amigos y amigas de Cookpad.
Paso a paso
- 1
Ingredientes I: cuatro ossobucos
- 2
Ingredientes II: harina, vino blanco, manteca, aceite, limón, ajo.
- 3
Ingredientes III: perejil, cebolla, pimienta, sal.
- 4
Picar la cebolla, enharinar los ossobucos, preparar la manteca.
- 5
Poner la manteca y el aceite en la sartén.
- 6
Calentar a fuego mediano hasta que se disuelva la manteca y hierva junto con el aceite.
- 7
Poner la cebolla y cocinar hasta que blanquee.
- 8
Poner los ossobucos enharinados.
- 9
Una vez sellados de un lado se dan vuelta.
- 10
Tener preparado el caldo.
- 11
Cambio sobre la marcha: vino tinto en vez de blanco. Lo hice forzado por la acidez del blanco, pero concluí que hacía mejor justicia a mi familia Lorenzano de Caloveto que hacen vino tinto con las variedades que trajeron los griegos cuando Calabria era parte de la Magna Grecia.
- 12
Poner parte del caldo y el vino tinto. La salsa adquieren ese hermoso color malbec. Sin duda, mejor que el pálido color del vino blanco.
- 13
Tapar para que se cocine. Demora aproximadamente 70 minutos.
- 14
Mientras tanto se prepara la gremolata: ajo cebolla y limón.
- 15
Así queda la gremolata.
- 16
Poner una porción de la gremolata abre cada ossobuco. Miren los colores.
- 17
La gremolata se cocina poniendo sobre ella salsa caliente con una cuchara. Mientras la salsa sigue espesándose gracias a la mezcla de manteca, aceite y harina.
- 18
Listo para servir.
- 19
Servido
- 20
Tenedor en mano, a punto de comerlo
- 21
Guau, es mejor de lo que recordaba o esperaba. El vino tinto hizo su pequeño milagro, y el limón da un toque de frescura.
- 22
La foto necesita explicación. Es pan casero y sobre él el caracú y salsa con gremolata. Calorías, lípidos y gran sabor. Me alejo de la mesa para que no me lo arrebaten.
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