Lasaña de salmón

Cuando se sale por la bocana del puerto, la mente se relaja y vaga por los profundos recovecos del pensamiento; los problemas cotidianos se quedan en pausa y afloran nuevas ideas —muchas veces intrascendentes, pero otras veces, surgen cosas (quizás) dignas—.
Eolo estaba cabreado y empezó a azotar desde la primera milla, no le hice mucho caso al revoltoso tiempo y continué con lo mío. Mi clara decisión, sin embargo, iba decreciendo según me acercaba a la tormenta. Y ahí, apareció la maldita conciencia —no sé si la buena o la mala—, pero su susurro era tentador: “¿Porqué no te das la vuelta y preparas una buena cena?”; hasta que no habló la buena, no las distinguí: “Seguro que esto se pasa”—me murmuró—. Pero la mala es maquiavélica y estimula un deseo profundo: el de pedir deseos, el de hablar con quien está allí arriba jugando con nuestros hilos. Y, en lugar de pedirle a Thor que golpeará con el martillo a Eolo —para que dejará de soplar—, supliqué que amenazará al dios egipcio Min para que descargará sobre mi lo único que me iba a hacer volver, con una excusa perfecta: la lluvia…. Me concedieron una audiencia personal, y empapada pero con las dos conciencias complacidas, me di la vuelta y regrese a casa… a por la cena.
Lasaña de salmón
Cuando se sale por la bocana del puerto, la mente se relaja y vaga por los profundos recovecos del pensamiento; los problemas cotidianos se quedan en pausa y afloran nuevas ideas —muchas veces intrascendentes, pero otras veces, surgen cosas (quizás) dignas—.
Eolo estaba cabreado y empezó a azotar desde la primera milla, no le hice mucho caso al revoltoso tiempo y continué con lo mío. Mi clara decisión, sin embargo, iba decreciendo según me acercaba a la tormenta. Y ahí, apareció la maldita conciencia —no sé si la buena o la mala—, pero su susurro era tentador: “¿Porqué no te das la vuelta y preparas una buena cena?”; hasta que no habló la buena, no las distinguí: “Seguro que esto se pasa”—me murmuró—. Pero la mala es maquiavélica y estimula un deseo profundo: el de pedir deseos, el de hablar con quien está allí arriba jugando con nuestros hilos. Y, en lugar de pedirle a Thor que golpeará con el martillo a Eolo —para que dejará de soplar—, supliqué que amenazará al dios egipcio Min para que descargará sobre mi lo único que me iba a hacer volver, con una excusa perfecta: la lluvia…. Me concedieron una audiencia personal, y empapada pero con las dos conciencias complacidas, me di la vuelta y regrese a casa… a por la cena.
Pasos de la receta
- 1
Cortamos el salmón en láminas.
- 2
Tras cocer el arroz, con un poco de aceite y sal, mezclamos con el bonito y la mayonesa.
- 3
Picamos la cebolla y la lechuga.
- 4
Para montar la lasaña: en el plato, con ayuda de un aro grande, ponemos una base de salmón y a continuación una capa de maíz dulce y presionamos. Seguimos con una capa de lechuga y otra de la mezcla de arroz con bonito y mayonesa, presionamos. Por último, ponemos otra capa de salmón, y coronamos con cebolla picada y espolvoreamos eneldo.
- 5
Terminamos con una rodaja de rulo de cabra, que quemaremos ligeramente con ayuda de un soplete.
- 6
A disfrutar!
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