Chuletas de cordero a la Villeroy

Es una receta laboriosa que me encantó hacérsela a una persona muy importante en mi vida, disfruté de realizarla y también de degustarla en su compañía a la par que aprendía a hacerla.
En los años 70 del pasado siglo se produjo en Francia la más importante revolución, no tecnológica, sino conceptual, que ha experimentado la cocina: el movimiento que llamamos 'nouvelle cuisine', muy discutido, pero que, a la larga, cambió nuestra manera de cocinar. Con la 'nouvelle cuisine' llegaron cosas y se fueron otras. Entre ellas, y siguiendo el propio decálogo de sus creadores, aquellas salsas "demasiado ricas, demasiado densas", salsas "terribles, que pesaban sobre el estómago y el hígado y que servían muy a menudo para maquillar productos de poca calidad".
Una de esas salsas es la Villeroy. Digamos que el nombre no se perdió, ya que se siguió llamando Villeroy a una serie de preparaciones de pollo, chuletas de cordero, mollejas, sesos y otras viandas que, tras una primera cocción o fritura, se envolvían en salsa bechamel para ser empanadas a la inglesa (huevo batido y pan rallado) y fritas hasta que esa capa exterior quedase dorada y crujiente.
Chuletas de cordero a la Villeroy
Es una receta laboriosa que me encantó hacérsela a una persona muy importante en mi vida, disfruté de realizarla y también de degustarla en su compañía a la par que aprendía a hacerla.
En los años 70 del pasado siglo se produjo en Francia la más importante revolución, no tecnológica, sino conceptual, que ha experimentado la cocina: el movimiento que llamamos 'nouvelle cuisine', muy discutido, pero que, a la larga, cambió nuestra manera de cocinar. Con la 'nouvelle cuisine' llegaron cosas y se fueron otras. Entre ellas, y siguiendo el propio decálogo de sus creadores, aquellas salsas "demasiado ricas, demasiado densas", salsas "terribles, que pesaban sobre el estómago y el hígado y que servían muy a menudo para maquillar productos de poca calidad".
Una de esas salsas es la Villeroy. Digamos que el nombre no se perdió, ya que se siguió llamando Villeroy a una serie de preparaciones de pollo, chuletas de cordero, mollejas, sesos y otras viandas que, tras una primera cocción o fritura, se envolvían en salsa bechamel para ser empanadas a la inglesa (huevo batido y pan rallado) y fritas hasta que esa capa exterior quedase dorada y crujiente.
Pasos de la receta
- 1
Limpiamos bien las chuletas de grasas y tendones, las ponemos en una fuente de horno y las hacemos a una temperatura de 200 grados durante 15 minutos, retiramos y reservamos.
- 2
Mientras hacemos una bechamel, una vez fria pasamos las chuletas por ésta y las disponemos en una fuente que previamente hemos puesto harina de trigo, dejamos enfriar en el frigorífico, pasado un tiempo, les damos la vuelta y enharinamos por el otro lado, después por huevo batido y por pan rallado.
- 3
Las freímos en abundante aceite caliente hasta dorar y retiramos a un plato sobre papel absorvente para que suelte el exceso de aceite.
- 4
Luego salteamos con mantequilla para que se doren las verduras que nos servirán de guarnición, y que previamente hemos cocido.
- 5
Distribuimos en los platos individualmente.
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