Costritas fáciles de queso

Cuando llegué a vivir a México (acompañando a mi marido por su trabajo), una de las primeras cosas que me cautivó, fue su comida (y claro! Porque primero comemos y luego paseamos😉).
Recuerdo que una de nuestras primeras salidas fue a “almorzar” algo rápido mientras recorríamos la zona (que luego se convertiría en mi amada Colonia/Barrio/Neighborhood) y paramos en una “taquería”.
Era mi primera vez de entrar a un mundo de tantos sabores, aromas y rapidez! Combo perfecto.
Leyendo el menú, llamó mi atención la “Costra”. Y la ordené. Y fue un viaje de ida, sin retorno. Casi casi como un amor a primera vista. (O gusto, debería decir)
A partir de ahí, siempre me dije: voy a intentar hacerla en casa, era rica, fácil (o por lo menos así me lo imaginaba) e ideal para un almuerzo rápido.
Y aquí estamos!
Parece mentira que algo tan tan sencillo dispare en mí, tantas sensaciones. Porque de eso se trata disfrutar de la comida, no sólo el sabor, sino cómo es capaz de trasladarte a otro momento o lugar con sólo un bocado.
Me impresiona, que al escribir esta historia de varios renglones, me invade el mismo sentimiento que tenía cuando México (totalmente desconocido para mí en ese momento) me abría sus brazos a través de mi paladar.
No dejen de hacerla, quizás para algunos sea solo un poquito de queso crocante, pero para mí es el inicio de mi metejón con México y su comida.
Costritas fáciles de queso
Cuando llegué a vivir a México (acompañando a mi marido por su trabajo), una de las primeras cosas que me cautivó, fue su comida (y claro! Porque primero comemos y luego paseamos😉).
Recuerdo que una de nuestras primeras salidas fue a “almorzar” algo rápido mientras recorríamos la zona (que luego se convertiría en mi amada Colonia/Barrio/Neighborhood) y paramos en una “taquería”.
Era mi primera vez de entrar a un mundo de tantos sabores, aromas y rapidez! Combo perfecto.
Leyendo el menú, llamó mi atención la “Costra”. Y la ordené. Y fue un viaje de ida, sin retorno. Casi casi como un amor a primera vista. (O gusto, debería decir)
A partir de ahí, siempre me dije: voy a intentar hacerla en casa, era rica, fácil (o por lo menos así me lo imaginaba) e ideal para un almuerzo rápido.
Y aquí estamos!
Parece mentira que algo tan tan sencillo dispare en mí, tantas sensaciones. Porque de eso se trata disfrutar de la comida, no sólo el sabor, sino cómo es capaz de trasladarte a otro momento o lugar con sólo un bocado.
Me impresiona, que al escribir esta historia de varios renglones, me invade el mismo sentimiento que tenía cuando México (totalmente desconocido para mí en ese momento) me abría sus brazos a través de mi paladar.
No dejen de hacerla, quizás para algunos sea solo un poquito de queso crocante, pero para mí es el inicio de mi metejón con México y su comida.
Paso a paso
- 1
Cortamos en tiras la carne y salteamos en una sartén hasta dorar. Tip #1: No salar la carne hasta que esté dorada. De esta manera evitamos que se hierva en la cocción. Condimentamos (en este caso puse sal, pimienta y ajo en polvo, pero puedes condimentar con lo que quieras!)
- 2
Por otro lado, en una sartén antiadherente, colocamos 2 rebanadas de queso manchego (yo usé el que ya viene rebanado, pero sólo por una cuestión de practicidad) y dejar que se haga una “costra” o se dore de un lado. Importante: el queso se va a derretir y quedara chicloso (como el de una pizza), dejarlo unos segunditos más para que se forme ese crocante por debajo.
- 3
Una vez logrado el paso 2, en la mitad de la rebanada colocar la carne ya cocida y doblar para “cerrar”.
- 4
Acompañarlo con lo que quieras! En este caso aguacate, tomate, mucho limón y cebollas caramelizadas. Estuvo deli 💕
Recetas similares
Más recetas



Comentarios (2)