Pulpo a la mugardesa

Después de los 42ºC del otro día, entró la bruma y las temperaturas descendieron drásticamente, tanto, que ya ayer amanecimos con 18ºC, por lo que salí de casa con chaqueta, zapato cerrado y pañuelo al cuello —de todos modos, de la segunda gripe estival, no me libra nada, ni nadie—.
Y, con este cambio de grados, me he dado cuenta que el calor en mayúsculas aplasta, atora, embrutece, encabrona, crispa, hostiliza, marea, debilita, hincha, hace fluir riachuelos de sudor por sitios desconocidos, baja la tensión, quita el hambre, da jaqueca, desorienta, nubla la vista, desconcentra, empana, ralentiza, desorienta, provoca espejismos, impide dormir por la noche y adormece durante el día. El calor verdadero apaga la vida. No ilumina, nos envuelve en una bruma deslumbrante en la que todos los colores viven sin ganas, agonizan, esperando que el calor se canse. Las cosas, las personas, los edificios, los paisajes, todo pierde nitidez, sus contornos se difuminan y desdibujan. El calor es apocalíptico, llega como una plaga bíblica y no se puede escapar de él. Las calles se estrechan porque todos caminamos en plan comando, pegados a las paredes. Llegar a casa no es garantía de refugio, abres las ventanas y descubres cómo se siente tu comida en el microondas. El calor abrasador enmudece el mundo, sólo oímos chicharras y, con mucha suerte, el zumbido sordo del aire acondicionado…
pero ya ayer oí la lluvia caer.
—15ª Semana del Delantal de Cookpad '26-
#DelantalCookpad2026
Pulpo a la mugardesa
Después de los 42ºC del otro día, entró la bruma y las temperaturas descendieron drásticamente, tanto, que ya ayer amanecimos con 18ºC, por lo que salí de casa con chaqueta, zapato cerrado y pañuelo al cuello —de todos modos, de la segunda gripe estival, no me libra nada, ni nadie—.
Y, con este cambio de grados, me he dado cuenta que el calor en mayúsculas aplasta, atora, embrutece, encabrona, crispa, hostiliza, marea, debilita, hincha, hace fluir riachuelos de sudor por sitios desconocidos, baja la tensión, quita el hambre, da jaqueca, desorienta, nubla la vista, desconcentra, empana, ralentiza, desorienta, provoca espejismos, impide dormir por la noche y adormece durante el día. El calor verdadero apaga la vida. No ilumina, nos envuelve en una bruma deslumbrante en la que todos los colores viven sin ganas, agonizan, esperando que el calor se canse. Las cosas, las personas, los edificios, los paisajes, todo pierde nitidez, sus contornos se difuminan y desdibujan. El calor es apocalíptico, llega como una plaga bíblica y no se puede escapar de él. Las calles se estrechan porque todos caminamos en plan comando, pegados a las paredes. Llegar a casa no es garantía de refugio, abres las ventanas y descubres cómo se siente tu comida en el microondas. El calor abrasador enmudece el mundo, sólo oímos chicharras y, con mucha suerte, el zumbido sordo del aire acondicionado…
pero ya ayer oí la lluvia caer.
—15ª Semana del Delantal de Cookpad '26-
#DelantalCookpad2026
Paso a paso
- 1
Cocinamos el pulpo según la receta enlazada. Reservamos el pulpo y su agua por separado.
- 2
Picamos las cebollas, los ajos en láminas y los pimientos en tiras, y los sofreímos, en una ollita con aceite, sal y pimienta. Tras un par de minutos, agregamos el pimentón, añadimos el vino y removemos. Agregamos las patatas previamente cortadas en trozos —desgarrados para que después suelten su almidón al cocer—.
- 3
Cubrimos las patatas con el agua de cocer el pulpo, añadimos el laurel. Cocemos todo a fuego lento durante unos 15 minutos, hasta que las patatas estén prácticamente hechas —pero sin romperse—. Una vez estén en ese punto, incorporamos el pulpo —cortado a tijeras en trozos de tamaño mediano—.
- 4
A disfrutar!
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