Revuelto de erizos

Desde pequeña, padezco de un terrible desorden de falta de sueño, se llama lectura, que a veces, además, se le une al insomnio, por lo que Morfeo decide irse a otros brazos. En esas noches, suelo dar vueltas por la cama, y justo anoche recordé cosas de cuando era pequeña: esas sensaciones que producían las tonterías más pequeñas, las ilusiones que tenía y ese mundo diferente donde lo verdaderamente importante distaba mucho de lo que ahora considero vital en mi vida.
Recordé que uno de los grandes momentos del día era cuando saltaba a la comba —y no me había tocado ponerme ni una sola vez—; la mayor preocupación, que me llevaba a la cama, era la de saber si al día siguiente, me dejarían ver la tele un poco más.
Sentí una nostalgia absurda al acordarme de
todas estas cosas —(¿cualquier tiempo pasado
nos parece mejor?)— y es que no puedo dejar de
afirmar que tuve una infancia muy feliz.
Pero es curioso, como todo aquello que me angustiaba, tuvo su desenlace —todo se va poniendo en su sitio (guste o no)—. Aquello que un día esperaba, hoy es parte del pasado, y lo que hoy me intriga y por lo que sueño, mañana dejará de serlo y se convertirá en parte de mi vida... y después —con suerte— en un bonito recuerdo.
Revuelto de erizos
Desde pequeña, padezco de un terrible desorden de falta de sueño, se llama lectura, que a veces, además, se le une al insomnio, por lo que Morfeo decide irse a otros brazos. En esas noches, suelo dar vueltas por la cama, y justo anoche recordé cosas de cuando era pequeña: esas sensaciones que producían las tonterías más pequeñas, las ilusiones que tenía y ese mundo diferente donde lo verdaderamente importante distaba mucho de lo que ahora considero vital en mi vida.
Recordé que uno de los grandes momentos del día era cuando saltaba a la comba —y no me había tocado ponerme ni una sola vez—; la mayor preocupación, que me llevaba a la cama, era la de saber si al día siguiente, me dejarían ver la tele un poco más.
Sentí una nostalgia absurda al acordarme de
todas estas cosas —(¿cualquier tiempo pasado
nos parece mejor?)— y es que no puedo dejar de
afirmar que tuve una infancia muy feliz.
Pero es curioso, como todo aquello que me angustiaba, tuvo su desenlace —todo se va poniendo en su sitio (guste o no)—. Aquello que un día esperaba, hoy es parte del pasado, y lo que hoy me intriga y por lo que sueño, mañana dejará de serlo y se convertirá en parte de mi vida... y después —con suerte— en un bonito recuerdo.
Paso a paso
- 1
Abrimos los erizos, rompiendo la zona central (y con cuidado de no pincharnos).
- 2
Con ayuda de una cuchara pequeña, nos quedamos con el coral del interior, que lo vamos depositando en un cuenco.
- 3
Por otro lado, batimos los huevos y vertemos un chorrito de leche. Agregamos el coral de los erizos y mezclamos con cuidado. Añadimos una pizca de sal.
- 4
En una sartén, con un chorrito de aceite, vamos cuajando el revueltos.
- 5
Retiramos de la sartén y espolvoreamos perejil.
- 6
A disfrutar!
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