Paso a paso
- 1
Comenzaremos precalentando el horno a 180°C, con calor arriba y abajo, para que esté listo cuando formemos las galletas.
- 2
En un bol grande, mezclaremos la harina, el bicarbonato, el jengibre en polvo, la canela, el clavo molido (si decidimos usarlo) y la sal. Así nos aseguramos de que las especias se repartan bien.
- 3
En otro recipiente, batiremos la mantequilla junto con el azúcar moreno y el azúcar blanco (esta vez solo usé blanco) hasta obtener una mezcla cremosa y suave.
- 4
Añadiremos la yema de huevo y la melaza (o miel oscura) a la mezcla de mantequilla y azúcares, y seguiremos batiendo hasta que todo esté bien integrado.
- 5
Poco a poco, incorporaremos los ingredientes secos a la mezcla húmeda, mezclando hasta que obtengamos una masa firme y homogénea. Si queremos un toque más picante, podemos añadir el jengibre fresco rallado en este momento.
- 6
Tomaremos porciones de masa y formaremos bolitas de unos 2–3 cm de diámetro. Las colocaremos en una bandeja cubierta con papel de horno y las aplastaremos ligeramente con la mano o una cuchara.
- 7
Llevaremos la bandeja al horno y hornearemos durante 10–12 minutos, hasta que veamos que los bordes de las galletas se oscurecen un poco.
- 8
Un paso clave: al sacar las galletas del horno, las dejaremos reposar en la bandeja durante 5 minutos. Después, las pasaremos con cuidado a una rejilla para que se enfríen completamente y se vuelvan bien crujientes. Y… listas para disfrutar!
Trucos
Si queremos que queden aún más crocantes, podemos sustituir una cucharada de harina por maicena, hornear 1–2 minutos extra y guardarlas en un recipiente de metal o vidrio bien seco.
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