Paso a paso
- 1
En un bol grande tamizar la harina y la sal, añade la levadura y el azúcar y mezclar bien
- 2
Agregar el agua y una cucharadita de aceite de oliva. Asegúrate de que el agua esté más o menos a la temperatura del cuerpo, lo suficiente para activar la levadura pero no demasiado como para matarla. Mezcla bien. La masa resultante será pegajosa.
- 3
Verter la mezcla sobre la superficie de trabajo enharinada y amasa un par de minutos hasta que esté suave.
- 4
Pon la masa en un bol, fórrala con un film transparente y, con una servilleta limpia, guarda en un lugar templado durante una hora para que suba; puede ser cerca del horno caliente o al sol en una ventana. La masa debe doblar su tamaño.
- 5
Si vas a disfrutar de tu pizza de inmediato, precalienta el horno a 220º y engrasa la fuente del horno con la cucharadita restante de aceite de oliva.
- 6
Verter la masa sobre la superficie de trabajo ligeramente enharinada y amasarla otros 5 minutos hasta que esté elástica y menos pegajosa.
- 7
Extiende la masa y dale forma con las manos enharinadas, hasta conseguir la gruesura que quieras. Si vas a congelarla, hazlo ahora; envuélvela en film transparente y congela la hasta 3 meses. Si no, transfierela a la fuente y añade los ingredientes.
- 8
Hornea 10 minutos. Después, pon la pizza en la bandeja del horno y se hornea otros 2 o 3 minutos, hasta que la base se dore y esté crujiente.
- 9
Sirve inmediatamente. Si te sobra alguna porción, fría está buenísima como aperitivo.
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