Paso a paso
- 1
Pelar las manzanas y cortarlas en pequeños trozos
- 2
Hervirlas en unos 20 ml de agua para hacer la compota. Mientras hierven, agregar el azúcar y el jugo de limón. Aquí también podemos agregar lo que queramos para que la compota agarre sabor: la cáscara de la misma manzana, rodajitas de jengibre, una rama de canela, cáscara de algún cítrico.
- 3
Cuando la manzana esté blanda, quitar los restos de lo que hayamos agregado (cáscaras de manzana, jengibre, etc). Pisarla con un tenedor hasta que quede como un puré.
- 4
Colocar en un recipiente los ingredientes secos (avena, canela en polvo, sal, azúcar) y los opcionales (pasas, coco, semillas, miel, esencia de vainilla... ¡todo vale!) Nota: las semillas de chía ayudan a absorber un poco el líquido y son muy nutritivas.
- 5
Agregar la manzana en compota y mezclar todo hasta formar una pasta húmeda. Debe quedar con una consistencia que nos permita formar las galletas fácilmente sin que se desarmen demasiado. Si es necesario, agregar más avena.
- 6
Formar pequeñas galletas con la ayuda de dos cucharas o simplemente con las manos y colocarlas en una fuente antiadherente (pueden colocar unas gotitas de aceite en una fuente cualquiera y desparramarlo con una servilleta de papel).
- 7
Hornear 15 min a 200º. Si les gustan más crocantes, pueden dejarlas más tiempo, claro.
- 8
Dejar enfriar y disfrutar :)
- 9
Nota: con dos manzanas y colocando todos los ingredientes opcionales, salen entre 15 y 18 galletas.
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