
Crema de setas fría o caliente

UN HUERTO EN LA TIENDA.
Cerca del restaurante donde trabajaba, había una tienda especializada en frutas y verduras muy selectas. Normalmente, la fruta nos la traía el mayorista, pero si alguna vez teníamos alguna mesa de compromiso, siempre acudíamos a aquel establecimiento cuyos propietarios, Samuel y Elena, eran dos simpáticos e incansables trabajadores campesinos cuyas frutas del bosque y las verduras siempre destacaban por ser de cosecha propia.
Cuidaban al detalle su producto desde el principio hasta el fin y en las rústicas cestas de mimbre bien colocadas a un lado y otro de la bien cuidada tienda, se apreciaban unas frutas que muchas veces, no por ser bonitas de aspecto, eran de buena calidad como mucha gente cree ya que ¿Cuántas frutas de gran colorido y vistosidad aparecen delante de nuestros ojos y en cambio el sabor brilla por su ausencia? ¡Muchas!
Aquel sábado por la mañana entró en la cocina la señora Pepita, llevando un cesto de tomates de cosecha propia, ya que teníamos que preparar una ensalada muy especial.
-VEO QUE ME TRAES LOS TOMATES QUE TE ENCARGUÉ, ELENA - Y ella, con gran satisfacción, me acercó la gran cesta de mimbre colgada de su robusto antebrazo derecho diciéndome con gran satisfacción.
-¡FIJATE JOAN! QUE OLOR A TOMATES DE HUERTO-. Y sonrió mientras me acercaba uno el cual, me hizo recordar por unos momentos debido a su peculiar aroma, los que yo solía comer de muy pequeño, en casa de mis abuelos de Vilaseca de Torelló.
Sin duda, eran unos buenos recuerdos olfativos.
Crema de setas fría o caliente
UN HUERTO EN LA TIENDA.
Cerca del restaurante donde trabajaba, había una tienda especializada en frutas y verduras muy selectas. Normalmente, la fruta nos la traía el mayorista, pero si alguna vez teníamos alguna mesa de compromiso, siempre acudíamos a aquel establecimiento cuyos propietarios, Samuel y Elena, eran dos simpáticos e incansables trabajadores campesinos cuyas frutas del bosque y las verduras siempre destacaban por ser de cosecha propia.
Cuidaban al detalle su producto desde el principio hasta el fin y en las rústicas cestas de mimbre bien colocadas a un lado y otro de la bien cuidada tienda, se apreciaban unas frutas que muchas veces, no por ser bonitas de aspecto, eran de buena calidad como mucha gente cree ya que ¿Cuántas frutas de gran colorido y vistosidad aparecen delante de nuestros ojos y en cambio el sabor brilla por su ausencia? ¡Muchas!
Aquel sábado por la mañana entró en la cocina la señora Pepita, llevando un cesto de tomates de cosecha propia, ya que teníamos que preparar una ensalada muy especial.
-VEO QUE ME TRAES LOS TOMATES QUE TE ENCARGUÉ, ELENA - Y ella, con gran satisfacción, me acercó la gran cesta de mimbre colgada de su robusto antebrazo derecho diciéndome con gran satisfacción.
-¡FIJATE JOAN! QUE OLOR A TOMATES DE HUERTO-. Y sonrió mientras me acercaba uno el cual, me hizo recordar por unos momentos debido a su peculiar aroma, los que yo solía comer de muy pequeño, en casa de mis abuelos de Vilaseca de Torelló.
Sin duda, eran unos buenos recuerdos olfativos.
Paso a paso
- 1
Freiremos en un poco de mantequilla y aceite, con las setas variadas, añadiremos la cebolla y el puerro. Seguiremos con los ajos y cubriremos tres veces con un caldo de pollo ya colado y terminado. Dejaremos hervir media hora con la olla tapada para preservar los aromas.
- 2
Pasado este tiempo, añadiremos 1/4 parte de crema de leche que caldo añadido tengamos y dejaremos hervir cuatro o cinco minutos más y trituraremos arreglandolo de sal con una pizca de nuez moscada.
- 3
Si falta mas sabor a setas añadiremos unas pocas mas salteadas aparte ya que ello depende de la clase añadida. Colaremos muy fina. Podemos cubrir con picatostes de pan frito y unos dados de jamón en dulce salteados aparte y bien escurridos de aceite.
- 4
www.joanvillaro.e.telefonica.net
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