Lomos de merluza gratinados al vermut con setas shiitake al ajillo

Ya es septiembre, pero por esta esquinita las sandalias y los tirantes siguen apeteciendo (es algo así como si se hubiesen dejado el horno de las pizzas encendido) y las playas siguen estando llenas —quizás sea que estoy algo acelerada (como el Halcón Milenario tras apretar el botoncito de hiperespacio) o que necesite unas vacaciones (pero de las de verdad)—, los turistas que aún están se quejan de que el agua del mar está caliente, a lo que los aborígenes respondemos asintiendo, sabemos que después de que desaparezca la laminaría, el Atlántico parece el Caribe, subiendo la temperatura y volviéndose totalmente cristalino, pero respondemos que ya en otoño, pediremos ayuda a Noé para que venga a rescatarnos.
Pero acomodada en una terraza, con mi océano de fondo, la ciudad detrás y fascinada porque por la bocana del puerto, maniobra un gran velero, con las velas recién arriadas —desfilando muy poquito a poco hacia mi, como si quisiera hacer alarde de toda su belleza—, no puedo pedir más, y sólo puedo pensar que cuando llueva, ya nos preocuparemos.
Lomos de merluza gratinados al vermut con setas shiitake al ajillo
Ya es septiembre, pero por esta esquinita las sandalias y los tirantes siguen apeteciendo (es algo así como si se hubiesen dejado el horno de las pizzas encendido) y las playas siguen estando llenas —quizás sea que estoy algo acelerada (como el Halcón Milenario tras apretar el botoncito de hiperespacio) o que necesite unas vacaciones (pero de las de verdad)—, los turistas que aún están se quejan de que el agua del mar está caliente, a lo que los aborígenes respondemos asintiendo, sabemos que después de que desaparezca la laminaría, el Atlántico parece el Caribe, subiendo la temperatura y volviéndose totalmente cristalino, pero respondemos que ya en otoño, pediremos ayuda a Noé para que venga a rescatarnos.
Pero acomodada en una terraza, con mi océano de fondo, la ciudad detrás y fascinada porque por la bocana del puerto, maniobra un gran velero, con las velas recién arriadas —desfilando muy poquito a poco hacia mi, como si quisiera hacer alarde de toda su belleza—, no puedo pedir más, y sólo puedo pensar que cuando llueva, ya nos preocuparemos.
Paso a paso
- 1
En una sartén, tostamos el pan rallado con un poco de aceite y sal. Reservamos.
- 2
Picamos los ajos y el perejil. Reservamos.
- 3
Picamos también las cebollas y la pochamos, en una sartén, con un poco de aceite. Cuando esté blandita añadimos el vermut y lo dejamos cocinando durante 5 minutos. Precalentamos el horno a 180ºC con calor arriba y abajo.
- 4
Reservamos la mitad de esa preparación para hacer la cama de cada plato y añadimos los ajos y el perejil muy picados, la ralladura de limón y el pan rallado tostado a la otra mitad. Mezclamos y reservamos ambas preparaciones.
- 5
Pincelamos una fuente apta para horno con aceite, acomodamos los lomos de merluza ligeramente sazonados y cubiertos por la mezcla de pan rallado, cebolla al vermut, ajo, perejil y limón.
Cocinamos en el horno a 180ºC durante 10 minutos y gratinamos durante 2 o 3 minutos más. - 6
Mientras, habremos limpiado, secado y cortamos las setas, y en un wok, las salteamos con su aceite y una pizca de sal.
- 7
Cuando el pescado esté listo, lo sacamos del horno, colocamos los lomos sobre la cama de cebolla que teníamos reservada, ponemos las setas shiitake como acompañante y, servimos inmediatamente.
- 8
A disfrutar!
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