Tabla de quesos de Navidad

Es frecuente verme como el conejo blanco de Alicia en el el País de las Maravillas: apresurada. Pidiéndole al reloj que no marque las horas —porque voy a enloquecer, como dice el bolero—. Otras, me siento como un ordenador con demasiados programas abiertos, que termina bloqueándose y por más que le aprieto las teclas, ya no puede avanzar. (Creo que en ese punto mi cerebro ha acumulado tantos pendientes que se niega a continuar, hasta que no se hayan cerrado todos esos frentes abiertos).
Supongo que así es la vida, o bien que el temporal que hoy ha inflado las temperaturas y ha hecho volar al frío, me ha afectado más de lo esperado. Quizá son las luces de Navidad, o sólo el primer resfriado de la temporada que mi cabeza ya presiente. ¿Qué sé yo?
Pero, ¿qué seríamos si no tuviéramos siempre prisa? En realidad no conozco a nadie que no la tenga, ni que sepa desconectar del todo. Todos los que me rodean están continuamente haciendo mil cosas a la vez —evidentemente con prisa, porque quieren hacer la mil una—, y me hago una idea de cómo tendrán la cabeza.
No sé quién dijo que el humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, no voy a negar tal obviedad —repetida hasta la saciedad—, pero tengo muy claro que también es el único que tiene prisa continuamente.
En fin… me voy, como dicen por mi tierra: marcho, que teño que marchar… que tengo prisa!
Tabla de quesos de Navidad
Es frecuente verme como el conejo blanco de Alicia en el el País de las Maravillas: apresurada. Pidiéndole al reloj que no marque las horas —porque voy a enloquecer, como dice el bolero—. Otras, me siento como un ordenador con demasiados programas abiertos, que termina bloqueándose y por más que le aprieto las teclas, ya no puede avanzar. (Creo que en ese punto mi cerebro ha acumulado tantos pendientes que se niega a continuar, hasta que no se hayan cerrado todos esos frentes abiertos).
Supongo que así es la vida, o bien que el temporal que hoy ha inflado las temperaturas y ha hecho volar al frío, me ha afectado más de lo esperado. Quizá son las luces de Navidad, o sólo el primer resfriado de la temporada que mi cabeza ya presiente. ¿Qué sé yo?
Pero, ¿qué seríamos si no tuviéramos siempre prisa? En realidad no conozco a nadie que no la tenga, ni que sepa desconectar del todo. Todos los que me rodean están continuamente haciendo mil cosas a la vez —evidentemente con prisa, porque quieren hacer la mil una—, y me hago una idea de cómo tendrán la cabeza.
No sé quién dijo que el humano es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, no voy a negar tal obviedad —repetida hasta la saciedad—, pero tengo muy claro que también es el único que tiene prisa continuamente.
En fin… me voy, como dicen por mi tierra: marcho, que teño que marchar… que tengo prisa!
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