Lentejas Tradicionales del Alto Aragón

La receta tradicional de lentejas aragonesas es el reflejo de una cocina de subsistencia, montaña y sabiduría popular.
Su origen se remonta a la necesidad de los habitantes del Alto Aragón y el Pirineo de elaborar platos contundentes que permitieran afrontar las gélidas temperaturas y las duras jornadas de trabajo en el campo.
El plato se fundamenta en la lenteja pardina, pequeña y de piel fina que no necesita remojo, y se distingue por el uso de productos de la matanza local como la longaniza de Graus, el chorizo de Teruel y el hueso de jamón, que aportan una profundidad de sabor única.
Una de las mayores curiosidades de la variante pirenaica es el "toque" final de un chorrito de anís (aguardiente) y vino dulce (Moscatel), una práctica ancestral destinada a facilitar la digestión de la legumbre gracias a las propiedades carminativas del anís, además de añadir un aroma sutil y complejo al guiso. Asimismo, la influencia del "Recao" aragonés se manifiesta en la costumbre de añadir un puñado de arroz para espesar el caldo y equilibrar nutricionalmente el plato. El secreto de su éxito reside en un sofrito lento de cebolla y ajo, con un pimentón que nunca debe quemarse, y en el respeto por el reposo, ya que se dice que "lentejas de un día para otro, saben a gloria".
Es, en esencia, un tributo al aprovechamiento de la despensa aragonesa, donde la humildad de la legumbre se eleva mediante el uso ingenioso de licores y embutidos de calidad.
#Calendario2027
Lentejas Tradicionales del Alto Aragón
La receta tradicional de lentejas aragonesas es el reflejo de una cocina de subsistencia, montaña y sabiduría popular.
Su origen se remonta a la necesidad de los habitantes del Alto Aragón y el Pirineo de elaborar platos contundentes que permitieran afrontar las gélidas temperaturas y las duras jornadas de trabajo en el campo.
El plato se fundamenta en la lenteja pardina, pequeña y de piel fina que no necesita remojo, y se distingue por el uso de productos de la matanza local como la longaniza de Graus, el chorizo de Teruel y el hueso de jamón, que aportan una profundidad de sabor única.
Una de las mayores curiosidades de la variante pirenaica es el "toque" final de un chorrito de anís (aguardiente) y vino dulce (Moscatel), una práctica ancestral destinada a facilitar la digestión de la legumbre gracias a las propiedades carminativas del anís, además de añadir un aroma sutil y complejo al guiso. Asimismo, la influencia del "Recao" aragonés se manifiesta en la costumbre de añadir un puñado de arroz para espesar el caldo y equilibrar nutricionalmente el plato. El secreto de su éxito reside en un sofrito lento de cebolla y ajo, con un pimentón que nunca debe quemarse, y en el respeto por el reposo, ya que se dice que "lentejas de un día para otro, saben a gloria".
Es, en esencia, un tributo al aprovechamiento de la despensa aragonesa, donde la humildad de la legumbre se eleva mediante el uso ingenioso de licores y embutidos de calidad.
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Paso a paso
- 1
Remoja las lentejas la noche anterior si lo prefieres. Si son de la variedad Pardina no hace falta el remojo.
- 2
En una olla echa las lentejas en agua fría con el jamón, la sal y un puñado de arroz (a mí me gusta echar integral de las Cinco Villas porque cuece igual que las pardinas). Cuando hierva cuece de 25 a 27 minutos aproximadamente.
- 3
Por otro lado en una sartén con aove sofríe la cebolla y el puerro picados hasta que estén blandos.
- 4
Incorpora las setas, la longaniza y la morcilla en rodajas al sofrito y dora.
- 5
Añade a la sartén el tomate rallado y deja reducir.
- 6
Apaga el fuego de la sartén y añade el pimentón dulce y remueve.
- 7
Añade el sofrito a la olla cuando las lentejas estén casi tiernas (faltando 15-20 min).
- 8
Justo antes de apagar el fuego, añade el anís y el moscatel. Hierve 2-3 minutos más.
Trucos
Si usas lenteja pardina, no necesita remojo, pero en el Pirineo es tradición ponerlas la noche anterior.
Antiguamente, en los pueblos de montaña, se añadía un chorro de aguardiente a los guisos de legumbres para "ayudar a la digestión" (por las propiedades del anís) y para aportar energía extra en los días de frío intenso en el campo.
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