Salmón al limón al horno

Llegado a este punto de nuestras vidas todos sabemos que cuando echas —sin h—es que arrojas o tiras y, que cuando hechas —con h—has terminado de hacer unas magdalenas y por tanto, declaras oficialmente que están horneadas y listas para disfrutar…
Pero sí es verdad que en ocasiones puede llevar a error, porque no es lo mismo “estar hecho un hombretón” que “estar echado a perder”… y ambas frases tratan de las características de una persona; pero fuera de esta salvedad, hay grandes diferencias entre “echas” y “hechas”.
El verbo echar se utiliza para muchas cosas—quizá demasiadas—. Creo que si en lugar de “echar” tantas cosas, buscáramos un sinónimo, al final nadie “echaría” nada… O “echaría” sólo lo que, de verdad, hay que “echar”: echar una mano, echar sal, echar una bronca, echar unas risas, echar gotas en los ojos, echar agua a las plantas, echar el cerrojo, echar un vistazo, echar raíces, echar el pestillo, echar la basura…
Pero hay cosas insustituibles: echar de menos no es igual que extrañar, echar de menos es que hay algo o alguien, que tenías y que ya no tienes, y te gustaría recuperar. Echar pestes, no está mal y suena fuerte, hasta da miedo cuando las pestes se convierten en conjuros. Echar una siesta, es glorioso cuando te dejan.
Y las hay feas, como: “echar de comer” —como dijo la Duquesa De Alba en su boda, refiriéndose a la prensa—, “¿qué echan por la tele?” (aunque habitualmente es basura) o “¿qué te han echado los Reyes Magos?”.
Salmón al limón al horno
Llegado a este punto de nuestras vidas todos sabemos que cuando echas —sin h—es que arrojas o tiras y, que cuando hechas —con h—has terminado de hacer unas magdalenas y por tanto, declaras oficialmente que están horneadas y listas para disfrutar…
Pero sí es verdad que en ocasiones puede llevar a error, porque no es lo mismo “estar hecho un hombretón” que “estar echado a perder”… y ambas frases tratan de las características de una persona; pero fuera de esta salvedad, hay grandes diferencias entre “echas” y “hechas”.
El verbo echar se utiliza para muchas cosas—quizá demasiadas—. Creo que si en lugar de “echar” tantas cosas, buscáramos un sinónimo, al final nadie “echaría” nada… O “echaría” sólo lo que, de verdad, hay que “echar”: echar una mano, echar sal, echar una bronca, echar unas risas, echar gotas en los ojos, echar agua a las plantas, echar el cerrojo, echar un vistazo, echar raíces, echar el pestillo, echar la basura…
Pero hay cosas insustituibles: echar de menos no es igual que extrañar, echar de menos es que hay algo o alguien, que tenías y que ya no tienes, y te gustaría recuperar. Echar pestes, no está mal y suena fuerte, hasta da miedo cuando las pestes se convierten en conjuros. Echar una siesta, es glorioso cuando te dejan.
Y las hay feas, como: “echar de comer” —como dijo la Duquesa De Alba en su boda, refiriéndose a la prensa—, “¿qué echan por la tele?” (aunque habitualmente es basura) o “¿qué te han echado los Reyes Magos?”.
Pasos de la receta
- 1
Precalentamos el horno, y cortamos las patatas en rodajas.
Las extendemos en una bandeja apta para horno, y las aliñamos con aceite, sal y pimienta. Horneamos unos 20 minutos a 200ºC —hasta comprobar que están hechas—. - 2
Mientra en una sartén, con un poquito de aceite, hacemos la cebolla, también, con un toque de sal y pimienta.
Cuando las patatas del horno estén, ponemos la cebolla por encima. Y el salmón sobre esta cama conjunta, con la piel hacia arriba. - 3
Hacemos unos cortes a los lomos del salmón y en cada corte, ponemos una rodaja de limón. Agregamos los cherries partidos alrededor del salmón.
Horneamos unos 20 minutos aproximadamente, aunque todo depende del grosor del pescado y de la potencia del horno. - 4
A disfrutar!
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