Ensalada de monchetas y salmón

Comenzó hablando de la crítica de la razón pura de Kant, pasó de soslayo por el nihilismo y luego se enfocó en el pensamiento estoico para terminar diciendo que en realidad, lo que tenía era hambre, de la de verdad, de la de comer. Ante eso, sólo pude echarme a reír pero con ganas. A reírme de verdad. De esa risa que no puedes parar, y que cuanto más lo intentas, más te ríes; de esa risa que se te saltan las lágrimas y, lo único que quieres, es recuperar la compostura… de esa que también es contagiosa ya que es de lo poco capaz de expresar todos los sentimientos que el corazón alberga.
En cuanto pude, declaré que ese problema tenía una sencilla solución. Ojalá todo se solucionase de una manera tan sencilla como abrir la nevera y encender la vitro —pensé—.
Mientras se cocía la magia (metafóricamente hablando pero casi de manera literal), continuamos debatiendo; expuse mi intención (a pesar de la rodilla) de volver a correr a primera hora. Aunque por poco se atraganta con la primera Estrella, fue capaz de decirme entre —ahora— su ataque de risa: “Hay quien dice que si madrugas, Dios te ayuda, pero tú vas a despertarlo”. “Larga vida para los madrugones” propuse como brindis.
(Sumamos esta receta al reto de: crear tu ensalada🥗, donde nuestra base es: las monchetas, la proteína: el salmón, el topping: la lechuga y las aceitunas negras y, como salsa: una vinagreta especial —sin vinagre—).
Ensalada de monchetas y salmón
Comenzó hablando de la crítica de la razón pura de Kant, pasó de soslayo por el nihilismo y luego se enfocó en el pensamiento estoico para terminar diciendo que en realidad, lo que tenía era hambre, de la de verdad, de la de comer. Ante eso, sólo pude echarme a reír pero con ganas. A reírme de verdad. De esa risa que no puedes parar, y que cuanto más lo intentas, más te ríes; de esa risa que se te saltan las lágrimas y, lo único que quieres, es recuperar la compostura… de esa que también es contagiosa ya que es de lo poco capaz de expresar todos los sentimientos que el corazón alberga.
En cuanto pude, declaré que ese problema tenía una sencilla solución. Ojalá todo se solucionase de una manera tan sencilla como abrir la nevera y encender la vitro —pensé—.
Mientras se cocía la magia (metafóricamente hablando pero casi de manera literal), continuamos debatiendo; expuse mi intención (a pesar de la rodilla) de volver a correr a primera hora. Aunque por poco se atraganta con la primera Estrella, fue capaz de decirme entre —ahora— su ataque de risa: “Hay quien dice que si madrugas, Dios te ayuda, pero tú vas a despertarlo”. “Larga vida para los madrugones” propuse como brindis.
(Sumamos esta receta al reto de: crear tu ensalada🥗, donde nuestra base es: las monchetas, la proteína: el salmón, el topping: la lechuga y las aceitunas negras y, como salsa: una vinagreta especial —sin vinagre—).
Paso a paso
- 1
En la olla a presión, cocemos las monchetas con un poco de aceite, sal y las hojas de laurel.
Mientras cortamos el salmón en rodajas y éstas en tacos, más o menos gorditos. Reservamos.
Lavamos y cortamos los cogollos y, cortamos las aceitunas en rodajas. - 2
Emplatamos de manera individual, poniendo una cama de lechuga, sobre ésta, las monchetas (ya escurridas) y las aceitunas. Por último añadimos el salmón y la vinagreta (hecha en un cuenco al mezclar: el zumo de limón, el aceite, la pimienta, el eneldo y la sal).
- 3
A disfrutar!
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